María Sánchez
En León todo es local, y por eso mismo hoy toca recordar a doña María Sánchez del Valle, alma mater de la tribu que compone la conocida familia de abogados y procuradores Muñiz Alique, que se nos fue para siempre en vísperas de San Froilán. Un detalle que tiene su lógica pues representaba, de alguna manera y a mi entender, las costumbres, creencias y valores del pasado más cercano. Así que he echado unas lágrimas con mi compinche Pepín Muñiz, hijo mayor de tan extensa y apreciada saga, y es hora por tanto de dejar aflorar el cariño de la memoria y poner en valor el mapa de los afectos, referido en este caso a una mujer de mucha solera y presencia majestuosa que destacó siempre en el círculo chico de nuestra capital. Muchas décadas atrás, la vecindad en pleno decidió que formaba una excelente pareja con el apuesto mozo José Muñiz Alique, hijo por cierto del formidable don Sixto, un militar de rango reconocido con todos los galardones posibles por sus méritos en la milicia pero que, de forma impensable, fue perseguido con la mayor saña durante los aciagos días de la guerra y la posterior represión.
Ligada sentimental para siempre con el que fue su novio, luego su esposo y padre de ocho hijos en común, doña María dedicó los afanes de cada hora a sacar adelante una familia que, a Dios gracias, es más dura y resistente que un traje de pana, ya que tanto una como otro abandonaron este mundo una vez sobrepasada la casi inconcebible frontera de los 100 años de edad. Cuando iba a visitarla con Pepín en estos últimos tiempos, la buena mujer era plenamente consciente de que en su puerta había sonado la definitiva llamada del Señor, que ella aceptaba hasta con agrado. Incluso nos mostró una especie de testamento espiritual escrito por su esposo varios años atrás y que sirve de perfecto aderezo emocional para el momento de su adiós: «Todas las despedidas son tristes, pero los que me amáis, creedme y estad alegres. Dejemos las lágrimas y las tristezas para los incrédulos, para los que no tienen fe, pues desde donde voy seguiré amándoos». Pues que así sea, doña María.