Violencia, nunca
El 21 de octubre de 2011, este viernes hace cinco años, dos noticias protagonizaban la portada del Diario. Se anunciaban los precios para el partido copero Deportiva-Real Madrid —con la lógica diferenciación niños/adultos— como acompañamiento al titular más esperado en España, el adiós de ETA a las armas.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de pasar unas horas en San Sebastián y se percibe un cambio enorme en sus calles. Quizá falte mucho por hacer y haya demasiadas personas que se vean obligadas a apretar los dientes a diario porque no entienden que la paz tenga que pagar un duro precio para allanar el camino hacia la normalización. Es complejo tener que escuchar que es ilegítimo el recuerdo a las víctimas del penúltimo telediario —no olvidemos que la mayoría ya en Democracia— a los mismos que enredan con cosas de hace dos generaciones, exhibiendo una doble vara de medir que sonroja.
El fin de ETA es un fenómeno complejo, aunque no se debe obviar que junto a iniciativas exitosas —tanto políticas como sociales— se produjo una muerte natural de la violencia al evidenciarse que era estéril y que se había convertido en un callejón sin salida, aunque sus efectos e incluso sus beneficios para algunos son aún evidentes. Ahora, el ataque de estos días a dos agentes en Alsasua exhibe que la violencia se enciende y propaga rápido pero acabar con ella es mucho más complejo.
En León, un lustro después del anuncio de alto el fuego etarra, el fútbol vuelve a ser también protagonista. El Madrid retorna, esta vez a la capital de la provincia. Pero el deporte rey ha exhibido de nuevo su peor cara. Como tantas veces ocurre con la violencia llega con ese afán de encubrir, de proteger... porque sin la connivencia las injusticias no serían tan fáciles.
En Puente Castro existe un problema. Parece que ha llegado el momento de dejar de pintar la mona y analizar los errores porque el fútbol —y más por ser deporte base— no se merece lo que está pasando de manera reiterada. El último incidente con chavales de por medio no puede quedar impune. Por el buen nombre de un club que forma parte de la historia del deporte leonés, aunque no pasa por su mejor momento al recoger truenos de tanto viento sembrado. Desde hace tiempo se acumulan las cosas inexplicables. La violencia, sea de quien sea y contra el que sea, es injustificable.