El humanismo valiente
Raspa en una vida y te saldrá una infancia. Es decir, una familia. O sea, una visión compartida del mundo. Los historiadores de la Veterinaria me invitaron a pronunciar unas palabras en su cena de hermandad, dentro del congreso homenaje a Félix Gordón Ordás y a Cordero del Campillo, celebrado en días pasados en León. Fue un placer escuchar la grata semblanza que Miguel Cordero Sánchez hizo de su padre. Hace unas semanas les contaba en esta columna que mi madre me aconsejó un «péinate», para que asistiese en perfecto estado de revista a la presentación de mi propio libro. Pues he podido confirmar que ha de tratarse de una tendencia materna generalizada, pues a él la suya le espetó, según contó con humor: «Esa corbata no te pega con el traje». Glosó desde ese doctorado que es el amor filial, compatible con la verdad. Tuvo que luchar con la emoción, que acostumbra a jugárnosla, como las viejas canciones o el vino peleón. Sus palabras llevaban la impronta -intelectual y humana- de su progenitor, a quien tantas veces he escuchado hablar del suyo, guardia civil y hombre bueno. Cordero del Campillo no es sólo una vida, sino un rastro en otras. Lo supo plasmar muy bien su amigo y discípulo Francisco Rojo, quien también hubo de luchar contra la emoción. En efecto, raspas en una vida y te sale la amistad, esa familia escogida.
Qué lejana nos queda hoy la censura del gobierno civil a la lección inaugural de Cordero del Campillo sobre Gordón Ordás, en la apertura del curso 1973-74, en la Universidad de Oviedo. Lo escribo aquí para que lo sepan quienes ahora gritan que la Transición se hizo a golpe de claudicación servil. Hoy es muy fácil proclamar convicciones políticas, pues no hay riesgo. A don Miguel se le intentó expedientar de empleo y sueldo. Nuestra democracia siempre estará en deuda con estos dos veterinarios leoneses.
Sí, a poco que raspes en la biografía de don Félix y en la don Miguel te saldrá todo aquello que no aparece reflejado en sus currículos profesionales: junto a la excelencia intelectual buscaron también la de la conducta. No es posible separar sus saberes veterinarios de sus actos personales. El de ambos fue un humanismo valiente. Y en eso quizá consista la sabiduría.