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PANORAMA Antonio Papell
León

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T rump, el antisistema, ha ganado las elecciones, y Hillary Clinton, una representante de las elites norteamericanas que defiende sin vacilaciones el bicentenario modelo político de los Estados Unidos las ha perdido. Lo grave no es en realidad el hecho de que se vayan a aplicar unas políticas concretas en lugar de otras, de que prevalezca el programa de Trump frente al de Clinton, lo cual puede suponer como máximo un problema relativo por la sencilla razón de que Norteamérica es un país maduro y por tanto muy institucionalizado, y las instituciones democráticas son siempre capaces de amortiguar los golpes de timón. De hecho, ni Donald Trump ni sus más fervientes seguidores piensan seguramente que el multimillonario vaya a aplicar los aspectos más brutales de su programa.

Entonces, ¿cuál era el miedo? ¿Cuál es el drama?, preguntará alguno. Pues muy sencillo: estamos en tiempos turbulentos en que la globalización avanza por delante de su propia sombra, a lomos de un destino que todos sabemos irreversible pero que está sembrado de múltiples obstáculos. En tiempos de intensos cambios sociales difíciles de asimilar en que no habrá trabajo para todos y será necesario sostener a todos para mantener la paz social y la demanda. En tiempos de grandes dudas ideológicas y religiosas, en que surgen fanatismos difíciles de identificar que probablemente son consecuencia de fracturas antiguas no bien selladas.

Probablemente tengamos que serenarnos y de digerir lo ocurrido antes de formar una opinión cerrada sobre lo sucedido. Es sencillamente terrible y muy preocupante que un patán como Trump, un sujeto atrabiliario y vil, misógino y vulgar, haya llegado a la presidencia de los Estados Unidos, respaldado por quienes van a ser sus víctimas en el futuro inmediato. Los procesos de selección de líderes en Occidente nunca han sido gran cosa, pero su fracaso más ostensible es éste: que un rico hasta la náusea sin ideas y sin principios haya podido escalar tan alto, dejando atrás a otras personalidades republicanas de indudable valía. Ello prueba que la cultura, la que debería orientar la voluntad de la ciudadanía, tampoco es gran cosa en la gran potencia, que ha cedido a la irritación de muchos ciudadanos frustrados. Porque el hecho de que Trump haya llegado tan lejos sólo es explicable por los gravísimos errores cometidos por el sistema, que tantos prosélitos del antisistema han engendrado.

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