El final de ETA
L a detención de Mikel Irastorza, considerado jefe de ETA, que se ha producido mientras se realizaba el traspaso de poderes en el Ministerio del Interior entre Fernández Díaz y Juan Ignacio Zoido, obliga a reconsiderar la situación del asunto, ya que, cinco años después del fin definitivo de las acciones armadas, ETA, aunque exhausta y agonizante, no se ha disuelto todavía y sus tres centenares de presos están sometidos a la situación penitenciaria especial que se puso en vigor como un elemento más de lucha antiterrorista (este era, por ejemplo, el objetivo de la dispersión).
La detención tiene lugar unas pocas semanas después de que se haya estrenado en España, en el festival de San Sebastián y en algunos circuitos, el magnífico documental El fin de ETA , dirigido por Justin Webster, que narra con objetividad el proceso de paz mediante las palabras de sus principales protagonistas, Alfredo Pérez Rubalcaba, Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi. El guión es de los periodistas Luis Rodríguez Aizpeolea y José María Izquierdo. Aizpeolea es sin duda el periodista que más de cerca vivió aquellas vicisitudes.
Cuando ETA ha quedado reducida a la mínima expresión y es impensable el regreso a la lucha armada, es inquietante que todavía no se haya producido la disolución de la banda, que en principio aspiraba a una escenificación del momento con el Gobierno a través de la entrega de las armas. Es evidente que no ha habido armisticio sino simple derrota de ETA en todos los frentes, por lo que lo lógico es facilitar el desmantelamiento unilateral y el fin definitivo de las ominosas siglas. Para ello, como ha explicado cumplidamente el periodista Aizpeolea, el PNV de Urkullu ofreció la legislatura pasada ayuda al Gobierno central para promover un punto final unilateral, el desarme y la autodisolución de la banda. Ello debería representar cambios en la política penitenciaria, ya que no tiene sentido mantener un sistema integrado en la lucha antiterrorista, con medidas excepcionales. Es de imaginar que si el Partido Popular necesita ahora al PNV, este partido podrá influir precisamente en esta dirección, que ofrecería el paso definitivo hacia el final intelectual —el pragmático ya se ha producido— de la lacra terrorista. Como subraya Aizpeolea, el hecho de que el nuevo ministro del Interior hay sido juez puede facilitar ese desenlace, que en todo caso debería ser discretamente pactado por todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria.