TRIBUNA
Semana de los sin hogar
U na vez más el papa Francisco nos ha sorprendido gratamente. Esta vez ha sido con la convocatoria a los sin techo de Europa para asistir en Roma a la clausura del Jubileo de la Misericordia y con sus palabras ante unas 6.000 personas procedentes de 22 países, incluido España, de donde han acudido unas 100 personas. En la Sala Pablo VI, el 11 de noviembre, el Papa les ha dicho como saludo: «Esto es lo primero que les quería decir: enséñennos a todos los que tenemos techo, porque no nos falta la comida o la medicina, enséñennos a no estar satisfechos. Con sus sueños, enséñennos a soñar desde el Evangelio, donde están ustedes, desde el corazón del Evangelio». También «Les pido perdón por todas las veces que los cristianos delante de una persona pobre miramos hacia otro lado».
La Comunidad de San Egidio de Roma junto a otras instituciones de la Iglesia han organizado esta peregrinación con los sin techo para participar durante tres días en encuentros con el papa y asistir a una misa en la Plaza de San Pedro, en la que les dijo: «Todo hombre o mujer de cualquier religión tiene que ver en cada pobre el mensaje de Dios que se acerca y se hace pobre para acompañarnos en la vida». Pero, ¿quiénes son los sin techo, de quiénes estamos hablando en esta semana dedicada por Cáritas a los sin hogar? Es abundante la terminología usada para designar a las personas que habitan las calles de las ciudades en situación de pobreza y exclusión social extrema.
Se usan los términos de mendigos, vagabundos, transeúntes, indigentes, sin techo y sin hogar; todos ellos se refieren a las personas que tienen por su casa la calle y que sufren otras carencias, como la afectiva, la económico-laboral y la social. ¿Cuántos son los «sin hogar» en España? Si resulta complejo determinar el concepto de los «sin techo», es igualmente complejo realizar un censo por la dificultad de llegar a las personas que componen este colectivo, por su movilidad y temporalidad y por la carencia casi absoluta de datos oficiales a nivel estatal.
Los sin techo en España son casi invisibles en las estadísticas estatales. Al tratar de hacer una cuantificación de los mismos, nos encontramos con que a nivel oficial solamente hay estimaciones realizadas en base al recuento de las personas que acuden a albergues y a comedores sociales, ignorando a los que ni siquiera acuden a estos servicios. Según el INE en España habría unas 38.000 personas sin techo. Caritas, por su parte, eleva la cantidad a cerca de 40.000. Por tanto nos estaríamos moviendo en una orquilla que va de 38.000 a 40.000 personas sin hogar.
Al intentar acercarnos un poco más a estas personas y tomando como variable las causas por las que han llegado a esta situación, tenemos que decir que cada uno es un caso aparte. Se trata de un mundo muy heterogéneo, pero se puede afirmar que en la mayoría de los casos las causas que les han llevado a esa situación son: familias desestructuradas o rotas, pérdida del trabajo y de recursos económicos, adicciones ( alcohol o drogas), enfermedades, principalmente mentales, inmigración, tráfico de mujeres, etcétera.
Los problemas que origina la situación de los sin techo se retroalimentan, entrando en una espiral de exclusión o marginación de la que resulta muy difícil salir. Por otra parte, frente al perfil tradicional del sin techo, que nos hablaba de un varón español de mediana edad, hoy están apareciendo cada vez más jóvenes, entre 16 y 40 años, extranjeros inmigrantes, que en algunas comunidades llegan a sumar hasta el 45% del total de los sin hogar, y mujeres, que ya suman en torno al 15%. Se puede decir que en el perfil del sin techo se está dando un rejuvenecimiento, una feminización y una internacionalización. La sociedad española tiene una red específica de atención a estas personas, pero que resulta totalmente insuficientes, pues para atender a 35.000–40.000 personas se ofrecen unas 10.000 camas en albergues donde la estancia máxima suele ser de tres a cinco días. En cuanto a la titularidad de los centros existentes para la atención a los sin hogar, el 27% son públicos, frente al 73% que son privados, en su inmensa mayoría de la Iglesia Católica, según recoge el mismo INE.
Ante esta realidad de exclusión social, más o menos presente en todas las naciones, el Papa Francisco se ha lamentado que nunca faltan quienes se aprovechan de la pobreza de estas personas para sus propios intereses. Por eso les ha instado a responder con dignidad: «Pobres sí, pero esclavos no. Con la misma dignidad que tienen un hombre y una mujer que viven de su trabajo. Pobres sí, dominados o explotados, no».
Estos datos dan una idea de la marginación y exclusión social que sufren las personas «sin hogar» que nos encontramos por las calles de nuestras ciudades. Tú, al menos, ofréceles una palabra y una sonrisa, para que el papa no tenga que seguir pidiendo perdón por nuestra indiferencia ante ellos, y también porque, como señaló el director de la Comunidad San Egidio, «siendo amigos de los pobres descubrimos cómo se asemejan a nosotros y lo fácil que es volverse pobre».