El discurso implícito de Delibes
S e cumple medio siglo de la publicación de Cinco horas con Mario , una obra en la que Delibes consigue decir con lo que no dice. El discurso implícito de la obra es, entre otras características, lo que convierte la narración del genio castellano en una obra maestra. Las? aportaciones de la pragmática al texto literario que desarrolla el escritor resultan fundamentales para analizar, como si de un entomólogo se tratara, el ambiente sociológico de una época que hoy ya nos parece caduca pero sin la que nada de lo que hoy ocurre se entendería. Miguel Delibes logra que la presencia de Mario se vuelva rotunda en su silencio. Porque el marido muerto no necesita hablar para reivindicarse. Lo hace por contraposición a los reproches de su mujer, al carácter caduco e infantil de su discurso. En este sentido, podríamos decir que Miguel Delibes utiliza a Carmen Sotillo como parapeto para defender su obra de la acción de la censura. Porque Cinco horas con Mario es un puzzle en el que Delibes deconstruye el final de una época para enmarcar el principio de una nueva era. Las mismas palabras que revelan la pujanza de un futuro que despunta —y que paradójicamente está representado en el muerto— son las que ciñen el pasado que Menchu representa.
Si en A puerta cerrada, Sartre utilizaba a tres personas para demostrar que el infierno son los otros, Miguel Delibes defiende que nos basta nuestra propia conciencia, en este caso la de Carmen, para no salir de ese estado mental en el que el francés encierra a Garçin, Inés y Estela. Dice más el escritor con lo que no dice. Ese discurso implícito con el que la viuda desnuda una vida de rencor, inseguridad e hipocresía es el que usa el escritor para despojar a la sociedad franquista de sus falsos ropajes de dignidad: «Los que quieren enriquecerse caen en tentaciones», le dice Menchu a Mario para reprocharle a continuación que no le comprara el dichoso coche. Y he ahí que aparece el clasismo más rancio del régimen: «... pero hoy un seiscientos lo tiene todo el mundo, Mario, hasta las porteras»... Dice más el escritor con lo que no dice. Cincuenta años después, aún hay muchos significados soterrados en la obra de Delibes. Por eso es un clásico, una obra única en su género, porque todos nos encontramos en las palabras que el escritor usa para destapar lo que no dice.