No echéis kétchup a las uvas
Me dicen que tras la última campanada tengo que pedir un deseo. Y que para que se cumpla he de llevar encima ropa interior de color rojo. Se dicen muchas gilipolleces, si se permite que desmelene mi vocabulario, por una vez y sin que sirva de precedente. ¿Soy el único español que percibo que este país se está teleacincando? Hasta hace poco éramos así y asá, pero con estilo propio. ¿Cuándo y por qué nos hemos convertido en unos impersonales estos y estas? No obstante, pediré el mío, pues nunca se sabe. Ahora bien, no me pongo gayumbos rojos ni aunque me los mande dedicados Pablo Iglesias de su gayumbero personal. Este mozo haría bien en pedirle a 2017 un ego de su talla, el que tiene le queda más grande que a Papá Pitufo la sudadera de Kiko Rivera. También se nos dice que debemos poner un objeto de oro dentro de la copa con la que vamos a brindar. Otra gilipollez. Si no beso a las ranas que me juran ser princesas encantadas, menos voy a creer en esta estúpida superstición importada. ¿Y si me gusta beber a morro de la botella? Ah, Nochevieja, paripé de diversión por decreto. Ganas dan de despedir el año no diré que con aquella soez expresión de José Sancho a los periodistas del corazón, pero sí con un castizo «anda y que te ondulen con la permanén». Ah, pero las formas son lo penúltimo que se pierde. Antes de perderlas me acuesto a las diez. Bueno, vale, después del programa de José Mota.
Para las cosas del último menú del año estoy abierto al mestizaje. No hago de cada plato una polémica de honor patrio gastronómico. Ahora bien, evito caer en lo estrambótico. Echarle kétchup a las uvas es una aberración, aunque lo haga Justin Beaber. Gilipollez supina, de nuevo dicho sea con los debidos respetos. Como que todas las canciones seleccionadas para representar a España en Eurovisión estén cantadas en inglés. Y encima bien pronunciado.
Querido lector: feliz año, aunque felicidad sea palabra demasiado escurridiza. Mejor te deseo que tu corazón permanezca bondadoso. Gracias por leer el periódico, en papel o en la Red. No eres mirada invisible. Esto es por ti y para ti. Pero no dejes que tus hijos o nietos echen kétchup a las uvas. Ni aunque lo llamen salsa de tomate. No es no. ¡Resiste!