TRIBUNA
La Fiesta de la Aparición

Forma parte del prontuario de las festividades más entrañables de la ciudad de León. Fija su celebración cada 9 de febrero. Y es que según la tradición, tal día del año 560, en la plaza de Santa María del Camino, donde se alza una cruz de piedra, la Virgen ‘se aparesció’ a un pastor entre la asperidad de una zarza. En el nomenclátor callejero, una vía pública del barrio de la Chantría tiene por título la citada fecha, —‘nueve de febrero’—, que está escrita en los anales leoneses con letras imperecederas.
Baldomero Díez y Lozano, en su obra Historia y noticias del culto a la Virgen en el Antiguo Reino de León, nos revela la clave: «El origen de Nuestra Señora del Mercado se pierde en la oscuridad de los tiempos. Es tradición constante, que donde hoy se alza la iglesia de este nombre había unos prados, en los que apareció la Santísima Virgen a un pastor, manifestándole su voluntad de ser honrada en aquel sitio». La piedad popular dio en llamar a este hallazgo ‘La Aparición’. Y así el hecho es conocido y reconocido en la intrahistoria de esta antigua Corte de Reyes. Un legajo de 1663 abona esta referencia. Y en la sacristía del templo parroquial un fresco recoge la escena. De todo ello se colige que la única protagonista en esta festividad que refiero es la sacratísima imagen de Santa María del Camino, la Antigua, talla anónima, sedente, de los albores del siglo XVI, que recibe culto en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Mercado, templo románico del siglo XII, que se alza a la vera del Camino Francés.
En otros tiempos, la fiesta de ‘La Aparición’ rebosaba popularidad por sus cuatro costados. Sus rangos festivos tenían honda raigambre y estructura estable. Hasta tal punto que de su organización se encargaba una comisión de mozos del barrio del Mercado que cada año designaba un Mayordomo-Regidor. Éste era el máximo responsable de la confección del programa de actos, que contenía actividades de muy diversa índole. De más está decir que el acto central de la fiesta era la Eucaristía en la iglesia parroquial, con la participación del coro de la feligresía. En más de una ocasión lo hizo también la Coral Isidoriana. De igual manera, nunca faltaba tampoco el homenaje a la moza de más edad de la feligresía.
La celebración de un concurso de pintura, la Carrera del Mazapán y un partido de fútbol, sin olvidar a la infantería menuda, como se decía en mi infancia, a la que se dedicaban dos sesiones de cine en el salón de los PP. Capuchinos, así como la Carrera de la Rosca, por las estrechas calles del barrio, componían las principales actividades. Había además alegres pasacalles con dulzaina y tamboril por la escenografía parroquiana, adornada con cadenetas multicolores. Y el popular organillo impregnaba el ambiente de un innegable casticismo. Hubo un tiempo también, ciertamente lejano, en que se encendía una enorme hoguera en la plaza del Grano, según se cuenta, con el botín alcanzado, después de varias incursiones, cuasi nocturnas, en las huertas de la Corredera.
A la finalización del referido acto litúrgico tenía lugar la tradicional cena de hermandad, que precedía a una colosal verbena, como se anunciaba entonces, ‘la cual durará hasta la una de la madrugada’. Se celebraba en la plaza de las Concepciones y constituía un punto de encuentro para la vecindad del barrio y la de los más próximos a éste, como San Martín y Santa Ana, San Marcelo y Santa Marina. ¡Oh témpora, oh mores!, (¡Oh tiempos, oh costumbres!), remedando a Cicerón.
El voltear de campanas y la cohetería anunciaban la fiesta. La puerta de la iglesia, - todavía se hace actualmente – se engalanaba con un ramo leonés semicircular, ornado con naranjas, y en los hogares el arroz con leche era el postre oficial. Hace ahora seis décadas, en 1957, Emilio San Miguel Herrero fue Mayordomo- Regidor. Y en el Bando que publicó, para general conocimiento, lo recordaba en el sexto punto con esta afirmación: ‘Que haciéndome eco del clamor general – que también consta en acta – sea declarado postre por derecho propio el arroz con leche’.
‘La Aparición’ es la fiesta titular del barrio de Nuestra Señora del Mercado. En estos tiempos manifiestamente mudables, sensiblemente tornadizos, las cosas han cambiado. Es cierto. Ahora bien, la esencia de la festividad se mantiene con toda su pujanza. Es una estampa tradicional que tiene, como he dicho más arriba, un arraigo muy firme en los anales legionenses. Y es que cada 9 de febrero, ‘La Morenica del Mercado’, como la denominó Máximo Cayón Waldaliso, Cronista Oficial de la ciudad de León, concentra devociones, fervores, fidelidades y sentimientos. Lo mismo que acontece, con la misma puntualidad de siglos, cada Viernes de Dolores, festividad litúrgica considerada pórtico de la Semana Santa de esta antigua capital del Viejo Reino.