Bollo de monja, carga de trigo
A los del pelotón del no pasarán les puede parecer una apología del cinismo; pero es un idea tan brillante como todo ese movimiento de hacer creer lo que no es, una tendencia al alza, que tiene como santo inspirador a Luciano Moggi, patrón del calciopoli, especialista en crear trastiendas en el escenario del teatro. Es sublime que los draculines que acuden cada noche a chupar del catéter que tienen clavado entre el pescuezo y las cervicales de los paganos se expresen en parábola, en verdad, en verdad os digo, así, como mesías de un mundo sostenible que no tienen nada que ver con la gota que colma el vaso. Claro que por enero florece el romero; y así seguirá el ciclo, hasta que le den otra vuelta de tuerca al proceso de transformación energética y el kilovatio hora se revuelva en forma de huracán y como la cigüeña anticipó el billete de vuelta a la cena de Nochevieja, el grajo empiece a volar alto en san Blas y camine entre cunetas en octubre. Entonces ya será tarde para quitarse el sayo, aunque el cuarenta de mayo esté más lejos que el apeadero del tren de vía estrecha, y a septiembre no le queden fuentes que secar por encima de la presa que anegó el Luna, ni puentes que arrastrar Esla abajo hasta las turbinas hidráulicas. Esas incidencias, que parecen detalles nimios, habrán contribuido a hacer irrisorios los efectos de la lluvia por santa Margarita. Hay pocas cosas que se puedan resistir a ideas brillantes; hasta cuando el talento se dirige a enrevesar la realidad merece una medalla. No hay atmósfera ficticia que no se vea como real después de pasar por las manos del alquimista que le mete banda sonora y un paisaje cautivador, con los árboles vestidos de cartón piedra y el azul cielo de lana de roca. A base de parábolas y refranes podemos llegar al año del fin del peaje de la autopista a Astorga, que es otro modelo de desarrollo peculiar para León, en una recreación ilusoria del entorno, sin más tierra firme que el balcón desde el que se ve la tierra de Alicia. Lo irónico de esta puesta en escena, de ese guión imaginario, es que la receta que se prescribe también corre a cargo del bolsillo del pagano. Como si fuera una gracia. Hay explicación en el refranero leonés; bollo de monja, carga de trigo. De libro.