Diario de León
Publicado por
EL RINCÓN MANUEL ALCÁNTARA
León

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L os dioses no nos quieren aunque les adoremos en sus diversas manifestaciones. Son neutrales y lo mismo nos mandan una sandía disfrazada de una hucha de crepúsculos que un rayo que nos parte. Lo que está claro es que se esmeran con los más pobres y siempre que hay inundaciones los que se ahogan son los que ya tenían el agua al cuello.

El agua, que aquel menesteroso de Asís definió en hermosa polisíndesis como «humilde y hermosa y útil y casta», tiene muy mala leche cuando descarga sobre los arrabales, porque lo transforma todo en descampado.

En lo que atañe a mi larga vida, que siempre he querido que fuera ancha, los que más me preocupan son los que vienen por detrás. ¿Cuanta gente que no conocimos se esforzó por ponérnoslo más fácil, dentro de las dificultades?

Desde los que inventaron la democracia a los que idearon la maquinilla eléctrica de afeitar, que a diferencia del primer hallazgo nunca da calambre a los usuarios. Nos estamos preguntando, una vez más, qué habremos hecho por esta patria. «Algunos hemos muerto y otros hemos pronunciado discursos», respondió un poeta, o sea, un desnortado.

Los que desean arreglar las cosas se conformarían con no ponerlas peor, pero no saben qué hacer ni qué dejar de hacer. A lo hecho, pecho, porque la vida sigue.

Hay que prohibirse el desánimo. ¿Quién se acordará dentro de los años del llamado ‘susanismo’ o de Pedro Sánchez, el multiderrotado que no ceja y que cree que entre fracaso y fracaso llegará la victoria final? Los aluviones traen estas cosas y los pelmazos son inasequibles al desaliento. El PSOE está bastante deteriorado y algunos, incluso los más descreídos, creemos que es posible su reconstrucción, aunque haya que utilizar materiales de derribo. La dificultad es que hay mucho «macarra político», que dice Carlos Herrera, mi sobrino amoris causa.

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