Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

Creado:

Actualizado:

L eo, con tristeza, que el notable empeño de hacer un gran archivo de la fotografía leonesa que tuvo el Director General del Libro, el cepedano Rogelio Blanco, está si no abandonado, envuelto en el olvido. Con muchos fondos en cajas oscuras, y con otros que se deberían haber adquirido, en las casas de los herederos de los fotógrafos. Y no estamos hablando de grandes inversiones públicas: son cifras muy modestas. Pero que revelan la falta de sensibilidad de los políticos responsables de cuidar de la cultura; de mantener la memoria de un tiempo y de una provincia: la nuestra.

La fotografía es magia. Es un camino muy luminoso, y a la par sencillo, hacia el misterio. Cada imagen queda en el tiempo como un cuento, como un poema, como un artículo de opinión, como una crónica, como un gozo que no se va, como una melancolía que nos construye. Como un respeto a los mayores. Como una gracia inesperada. Seguro que todos hemos tenido alguna vez una foto que nos ha deslumbrado. Que nos ha hecho arder, como solo arden las pérdidas, que tan bien definió nuestro gran poeta Antonio Gamoneda.

Las fotografías son pérdidas que se recuperan a veces. Por eso uno, como tantos, es un enamorado de las imágenes de su ciudad. De la que vivió cuando era niño y adolescente. Todo aquel mundo que ha muerto, como muere cada día otra presencia, otro ámbito, otra voz y otra penumbra. Pero aquel mundo sigue vivo en esas imágenes, casi siempre en blanco y negro. Escenas que ahora tienen una fuerza que jamás pudo intuir el anónimo fotógrafo que las hizo, muchas veces un aficionado. Un simple ciudadano que tenía una cámara.

Pero que, sin querer, levantó, en un instante, un reino de sensaciones. Una máquina que pone en marcha la memoria y la belleza. A mí me fascina ver esas fotos de la Ponferrada de los últimos años cincuenta y primeros sesenta. La que fecundó mi espíritu. Con su modestia y su ilusión. Cuántas veces he mirado la plaza de Lazúrtegui, con el teatro Edesa. O el castillo, en esa foto del carro. Un carro que yo creo que llegué a conocer de niño. O la de la calle del Reloj, corazón histórico de la urbe. O la de la plaza del ayuntamiento, con su jardín elevado al centro, y con los papones de la Semana Santa dando la vuelta al ruedo cuadrado. Yo sentía miedo en ese caso. Y, de algún modo, lo sigo sintiendo.

Alguien debería tomar cartas en el asunto. Y poner en marcha ese archivo, que es agua y alimento espiritual para los leoneses. Y para cualquiera que se interese por la historia pública y privada de esta provincia. Donde tantos memoriosos viven. O aquí nacieron, que por algo será. Queremos ver esas imágenes; nos va parte de la memoria de cada uno en ello. Nos va un apunte de la imaginación que fertiliza esa memoria. Nos va un pequeño territorio que forma parte de la felicidad. De lo que somos, de lo que fuimos, de lo que vamos siendo.

tracking