al trasluz
El siniestro carcajeo
El humor negro ha de consistir en reírse de las propias desgracias. De las ajenas, tiene menos mérito y gracia. Pablo Iglesias ha propuesto que el enaltecimiento del terrorismo deje de ser delito, pues impide tuitear ocurrencias siniestras sobre las víctimas, que percibe como el no va más de la libertad de expresión humorística. La ocurrencia ha indignado a los partidos serios, que la tumbaron en el Parlamento. Humor negro eran los chistes de Gila sobre la guerra o los de Summers sobre terroristas (no a favor de ellos, claro). Y hoy, muchos de El Roto. Sobran ejemplos. Ha estado acompañado por Facu Díaz, aquel que tuiteó «quemar iglesias me parece una barbaridad si no hay nadie dentro» y fue absuelto. Pero no te guasees de sus iconos ideológicos, porque entonces te hacen una cencerrada o te mantean en las redes sociales. «Necesitamos que nuestra policía y nuestra guardia civil persiga a los corruptos y mafiosos y no a las personas que opinan diferente o que hacen bromas a través de Twitter», ha esgrimido el líder de Podemos. Nada tiene que ver. Lo cierto es que casi siempre tal carcajeo siniestro proviene del mismo lado ideológico. ¿Es que no saben chistes de Maduro? Hasta el juez Yllanes, ahora diputado de Podemos, se mostró contrario a la propuesta. Aunque matizó que, llegado el momento, se sometería a la disciplina de voto. Eso suyo sí que fue humor negro.
Cassandra Vera, de origen berciano, ha sido condenada a un año de prisión, por tuitear chistes sobre el atentado contra Carrero. Asegura: «Me han quitado el derecho a beca y destruido mi proyecto de ser docente, me han destrozado la vida, una pena excesiva». No ha bromeado sobre lo suyo, pues está muy afectada. Algunos, en cambio, sí harán en las redes chanzas crueles a su costa. Se lo ha puesto fácil, pues para hacerlas basta con el dolor ajeno. Todo lo referente a delitos de opinión es un terreno resbaladizo, pero para eso está la Justicia. Aunque teniendo en cuenta que en Almería una madre ha sido sentada en el banquillo —y absuelta—porque su hijo adolescente la denunció por haberle quitado el móvil —con forcejeo casero— para que estudiase, uno se pregunta si no estaremos convirtiendo España en un gran chiste de humor negro... sin gracia.