Diario de León

Publicado por
Jesús María Cantalapiedra Escritor
León

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S e dice, y quizá sea cierto, que el español es un idioma de difícil comprensión para los parlantes de otras lenguas debido a las múltiples acepciones que pueden tener muchas palabras. Personalmente estoy de acuerdo. En parte. El alemán, francés o inglés, también reciben ‘ayudas’ procedentes de su geografía plural, de la historia lejana o de la incorporación o carencias de ciertos vocablos puestos de moda por los actuales adolescentes que, informáticamente, minimizan aquellos o utilizan fonéticamente y sin reglas la palabra escrita. De tal infortunio, muchos sectores han convertido el idioma oficial en una jerga de difícil comprensión para los no iniciados.

La jerga slang es utilizada en el Reino Unido con distintas variaciones dependiendo de la clase social; en Francia, los cercanos a la delincuencia o en ciertos barrios parisinos, emplean el verlán; curioso argot en el que se invierte el orden de las sílabas al hablar. El caso es confundir a la ‘pasma’, aunque la policía gala no es tonta y se va haciendo con la singular lengua.

España. La jeringonza, cada día más manejada, suele provenir de distintas razas, formas de vida, y edad. Los adolescentes urbanos, y otros, van en cabeza de la clasificación.

También, de distintas regiones o ciudades. Madrid, por ejemplo, aporta innumerables modismos y nuevo argot al ya complicado idioma español. No tanto como el chino, pero dificultoso al fin.

Hace unos días, vía What me pasaron una frase en caló muy interesante. Es de advertir que muchos vocablos ya forman parte del castellano o español de calle. Decía así: «Achanta la mui que no pucheles chi, benga najelate de aquí que viene la pestañi, desarte de la chori y saca la bajañi, que nos persiguen los busnos, andan tirando buchasnos...».

La traducción macarrónica pudiera ser: «Cállate la boca, mejor no digas nada, venga vete de aquí que viene la policía, te deshaces de la navaja y saca la guitarra, que nos persiguen los payos, andan tirando balas…» O algo por el estilo.

Pero, la fábrica de preciosos palabros y expresiones, fue levantada por jóvenes a partir de los años de la ‘movida madrileña’ impulsada por Tierno Galván, y que aún pervive en el resto de esta España suya, esta España nuestra.

El cheli ha ido avanzando hacia todo tipo de poblaciones, donde no es difícil, a pesar del tiempo transcurrido, escuchar a un grupo de jóvenes, por ejemplo: «Estaba el otro día el menda tomando un caliguay y apareció una tronca que no veas. Yo flipaba en amarillo. Tenía un jero de acojonar. ¡Qué piba, tronco! Total que me acerqué y le dije que me molaba cantidubi, y que si nos íbamos a una disco que había mogollón de coleguis con marcha. Ella también quedo flipada y dijo que sí, pero que íbamos a pachas. Lo cual, que como yo andaba mal de money le solté que dabuten. Fue el descojone, tío. Fuimos, aunque ella me largó que tenía un chorbo. Yo le dije: pues que le den por Detroit. Después nos fuimos a mi keli porque los viejos estaban en Cuenca de movida con los cuñaos. Y achantar la mui, no vaya a diquelarlo el jevo» y me monte un cacao, que yo me rilo enseguida».

¿No es inefable el parlamento? Principalmente ‘Que le den por Detroit’. Me parece sublime, igual que ‘Tomarse un caliguay’.

Obligado es el reconocimiento solemne a esta jerga de los ochenta, y de agradecer que se mantenga en vigor para regalo de nuestro sistema auditivo. Y todo sin darse importancia.

Yo que la Universidad de León, daba conferencias en cheli desde el Aula Magna del Albeitar. El saber no ocupa lugar, pero coopera a llenar espacios vacíos.

Obviando su carácter meramente cultural, el cheli puede llegar a hacernos comprender el recibo del teléfono móvil-fijo-ordenador: la fusión. Y el de energía eléctrica. Una forma de achantar la mui.

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