Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Vale, tampoco en el Renacimiento todo fueron obras maestras. También Miguel Ángel tendría sus días malos, entre genialidad y genialidad. Pero hasta entre lo feín a lo sublime hay un margen. A Cristiano Ronaldo le han hecho un retrato escultórico para el aeropuerto que lleva su nombre, en Madeira. Ni encargándoselo a un culé el resultado hubiese sido tan bizarrón. ¿Para esto dedica Ronaldo horas al día a esculpirse a sí mismo, para que ahora le salgan con un busto gore? Un respeto al canon griego y a la proporción áurea del mejor futbolista del mundo y de una galaxia muy muy lejana. El escultor, Emanuel Santos, se ha defendido con una frase socorrida: «No puedes gustar a tirios y troyanos». Ya, pero este caballo de Troya suelta coces a la historia de la escultura. Incluso algo más. Al parecer, antes de pasarla a bronce el propio jugador dio su aprobación, aunque pidió que le quitasen unas arruguillas del ojo izquierdo. Mejor dejemos la política al margen. Ahora las arrugas las tienen quienes contemplan la pieza. Sólo por no verla, dan ganas de coger el autobús. Roncero clama venganza. Y a nuestro Amancio casi le da un jamacuco.

Aunque lo mismo se trata de humor negro. A Chucky el muñeco diabólico sí se da un aire. Hablando de reírse, este jueves se representa en el Auditorio una obra de Miguel Mihura: «Milagro en casa de los López», que no conozco. Es uno de nuestros genios nacionales, de los pocos en nuestra literatura que cogió la antorcha del gran humor cervantino, donde lo cruel era compatible con la ternura. A Mihura le gustaba el humor macabro, pero en el que los muertos ríen con los vivos, no de ellos. Nada que ver con los exabruptos enfermizos, que ahora nos quieren presentar como libertad de expresión humorística. Puedo admitir el derecho al vómito verbal, siempre que no se le llame humor. Un respeto a los clásicos.

El artista, quien no es profesional y parece muy majete, ya reconoce que la pieza tiene algunos errores estéticos, producto de las prisas. Ronaldo dice que le gusta, pero —intuyo— que por no hacer un feo. Hace bien el gran futbolista, los goles en bronce son para toda la vida, pero el buen humor te rejuvenece a cada rato.

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