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EUGENIO GONZÁLEZ NúÑEZ UMKC. UNIVERSITY. KANSAS CITY
León

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« Mucho se ha dicho de los malos rasgos y modales de Donald Trump. Su capacidad de mentir, de hacer trampas, de ser malicioso, y de vivir en su propia realidad alternativa invocando el uso de una palabra que ya ha llegado a descubrir su joven y novata administración: impredecible. Ambos, en número y en alcance, Trump bate todos los records en la arena de los malos comportamientos humanos», nos dice en clase mi estudiante de español R. Bell.

¿Se comporta Trump como un consentido y malévolo bribón, simplemente por diseño, o es porque no puede controlarse? ¿Está enfermo mentalmente? En la opinión de Lawrence O’Donnell, «el presidente no es sólido mentalmente». El veterano periodista cree que incluso si no es posible diagnosticarle oficialmente, existe, para los médicos y periodistas, un deber de avisar el público. O’Donnell ha buscado respuestas de los expertos en su programa La última palabra . Él habló con el doctor Lance Dodes, de la Sociedad e Instituto Psicoanalítico de Boston. Preguntado si las maldades de Trump, en particular su rasgo de decir mentiras, demuestran que él está loco, el doctor Dodes dijo que respuestas definitivas a estas preguntas «son importantes si vamos a tratarlo….porque es un problema grave. Decir mentiras repetidas y peligrosas en la manera en la que él las dice y hace, le incapacita, y es una señal de un grave disturbio mental.» El doctor sigue diciendo que el presidente crea la realidad para que quepa bien en sus necesidades internas. «Si Trump no sabe la diferencia entre mentira y verdad, cuándo es una, y cuándo es otra, está incapacitado».

O’Donnell, por su parte, explica, «cuando se ha visto a una persona en el metro que está estornudando, tosiendo y tiene muchos otros problema, y a continuación se pregunta, ¿es lógico llegar a la conclusión de que está enfermo? ¿Podemos usar este ejemplo?». La respuesta según el especialista es positiva. «Sí». La Regla de Goldwater (que dice que no es ético para un psiquiatra dar una opinión profesional de una a figura pública sin una entrevista en persona y sin conseguir el permiso de la persona para hablar ante el público), es posible que pudiera estar bien hace 40 años; pero hoy que todos tenemos ojos en la cara y televisión en casa para ver las excentricidades del presidente, «no es necesario hacer una entrevista a la persona para diagnosticarle estas características, que son diagnosticables en sí mismas». O’Donnell acaba diciendo «esta es la verdad, pura y dura», sobre el ciudadano presidente Trump. Él debe avisar cuando habla en serio y cuando habla en «broma», para que sepamos.

Por tanto, Mr. Trump tiene la obligación de avisar cuando va a decir una mentira, para que todos nos evitemos el susto y la Casa Blanca los desmentidos. ¿Qué credibilidad tiene una persona que acusa a otros sin asomo de evidencia? La misma que tiene el mafioso que, justamente acusado, involucra a otros para liberarse de su culpa, para lanzar el «…y tú más», de los cobardes y tramposos. Se acusa sin evidencia de culpa para distraer, ganar tiempo, poner el ventilador para que la porquería salpique a otros, y algo quede de la bola de nieve rodando sobre la montaña.

Lo que Trump olvida es que en este país las mentiras de sus gobernantes tienen su precio. En el país actualmente no hay una crisis de verdad, porque la verdad está por encima de todo. Este hombre reacciona como un niño malcriado y caprichoso y ante los ataques de la verdad actúa con la temible acusación de la mentira, «¡lánzala, que algo quedará!». Del astuto hombre de negocios que fue y tal vez siga siendo, no se puede dar un salto cualitativo a presidente de la nación más poderosa y tal vez la más cuestionada y frágil de la tierra.

Acostumbrado al ‘sí señor y mande usted’ del caprichoso millonario, no se salta a ser un presidente, prudente, honorable, humano, popular. Ver, oír, leer a este hombre cada día en la prensa, en la tele, en twitter, es una pesadilla no apta para gente sana. Entre mis familiares hay republicanos avergonzados hoy de lo que hace o de lo que pueda hacer mañana un hombre impredecible con aires de dictador, un hombre endiosado (el Yo Supremo) para el que el bien y el mal, la verdad y la mentira, tienen el mismo valor, color y enjundia. Casi todo es posible en este país, menos la sombra alargada de un pinocho en la Casa Blanca. Ha gastado más él y su familia en un mes, que los Obama en todo un año. Creo que a Trump le están creciendo los enanos (la prensa, la oposición, la veracidad) allí donde más le duele: en su yo arrogante y prepotente, único baremo que él sabe usar para medir la verdad, los valores y el bien común de la humanidad.

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Mucha gente en este país se pregunta cada mañana dónde consigue el presidente Trump su impredecible información para twitter. ¿La sueña, la inventa, o son el profeta Bannon, o Nerón quienes se la inspiran?