Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Los niños y también los borrachos dicen siempre la verdad. Y la mayor verdad es que no a todos les gusta que les digan las verdades a la cara. Ayer los escolares de Ponferrada dijeron alto y claro —incluso aportaron un trabajo que ya quisieran para sí en más de un ayuntamiento de nuestra comarca para ilustrar sus faraónicas ideas— lo que quieren que sea su ciudad del futuro. En concreto se refirieron al solar del antiguo Carrefour, pero, si les dejan, se les vieron ánimos y maneras para darle a Ponferrada una ‘vuelta de calcetín’. Nada descabellado se incluía en su propuesta. Ninguna locura de juventud. Incluso se permitieron hacer un güiño a ese proyecto sanitario que apadrinan desde los ejecutivos local y autonómico. Eso sí, aparcado en una esquina. Para que no moleste —está claro, y hasta es plausible, que a esas edades lo que menos les preocupe a nuestros menores sean los achaques de los mayores—.

Los menores no entienden de plazos. Ni de presupuestos. Ni de intereses en paralelo. Ni de tiempos de licitación. Tampoco de la corrupción. Ni de sobres. Ni de tantas otras cosas que, ahora se conoce, les han arrebatado sueños como éste del gran centro de ocio joven en su ciudad.

Los escolares les dieron una lección de política y de sensatez a los políticos. Y estos, hay que reconocerlo, recibieron la cornada con una amplia sonrisa (es de suponer que para más de uno la procesión iba por dentro). Paso el trago, a estar horas más de uno debe haber borrado ya su nombre de la lista de invitados para el próximo Consejo de la Infancia y la Juventud que se celebre en la ciudad.

Ya lo dijo el maestro Hitchcokd: «no hay que trabajar con niños, animales ni Charles Laughton, porque siempre te roban la escena». Así lo debieron entender en las altas instancias municipales, —cuya ausencia fue incluso afeada por los menores— que a esa hora prefirieron cambiar la compañía escolar por la del colectivo al que, según sus cálculos, dará nuevos bríos el famoso edificio sanitario de la Rosaleda —créanlo ellos o no—. Pese a todo, es de esperar que el proyecto, y sobre todo, las ganas que estos escolares tienen de cambiar su ciudad lleguen a buen puerto. No nos podemos permitirnos el lujo de truncar las ilusiones de una nueva generación. Si así fuese no estaría de más que montasen ‘barra libre’ con el agua de Manzanedo.

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