Cuponazo y extra de primavera
« Si bien me quieres, Mariano, da menos leña y más grano», le dijo el portavoz del PNV, Aitor Esteban, a Mariano Rajoy durante el debate de investidura celebrado a finales del pasado mes de octubre. «Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor», le contestó con sorna el entonces aspirante a la reelección, cuya investidura se produjo con el voto en contra de los nacionalistas vascos.
En aquel momento, gracias a la abstención del PSOE, el PP no necesitaba imperiosamente el voto de los cinco diputados del PNV, por lo que no hubo ni grano ni tractor. Pero he aquí que, seis meses después, la aritmética parlamentaria ha requerido de dichos votos para poder sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2017. Y ahí ha acudido presto el tractorista Rajoy para aportar el grano exigido por el partido peneuvista.
Sin el menor sonrojo, Montoro se ha visto obligado a deshacer sus cuentas sobre el cupo vasco, aviniéndose a devolver 1.400 millones de euros al gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu. Ello sin que haya mediado sentencia de tribunal alguno, simplemente como peaje para poder disponer de esos preciados cinco votos. 400 de esos millones ya se detraen de estos mismos Presupuestos, en los que además se refuerzan las inversiones para acelerar la llegada de la alta velocidad a Euskadi, incluida la integración del ferrocarril en las tres capitales conectadas a través de la Y vasca.
El mercadeo del voto con las minorías, nacionalistas o no, ha sido una constante por parte de todos los gobiernos que no han dispuesto de minoría absoluta. Pero nunca se había hecho con tanto descaro y agravio hacia el resto de las comunidades autónomas, directamente perjudicadas por semejante favoritismo.
Y la cosa no queda aquí, ya que a Rajoy le falta todavía el voto numero 176, al que ha puesto precio el diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, exigiendo 450 millones de euros para la comunidad insular, que ya había sacado tajada a través de Coalición Canaria. Si el PNV se ha visto premiado con el «cuponazo», los canarios llevan todas las papeletas del sorteo extra de primavera.
Visto lo cual, si alguien tenía alguna esperanza de subsanar, vía enmiendas parciales, omisiones presupuestarias tan clamorosas como la de la autovía León-Valladolid o la del Duero, que se vaya olvidando. Y podemos darnos con un canto en los dientes si la decaída inversión estatal prevista en Castilla y León se ejecuta en su integridad, sin mengua sobrevenida para cumplir esas y otras exigencias periféricas. Es el triste sino de la España sin partidos nacionalistas, representada por una legión de diputados y senadores cómplices silentes de una discriminación que debería escandalizarnos.