Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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«Hay pocas enfermedades tan contagiosas como las opiniones», escribió Manuel Neila. Y a pesar de ello, insistimos. Interesantes o no, ortodoxas o heterodoxas, las exponemos. Una manía. Como lo es anotarlas en cualquier libreta o papel. Aquí les dejo, con la humildad que el caso requiere, algunas de las anotaciones, dispersas.

El tiempo va quitando muchas cosas. Pero va dando otras. Entre estas, una mayor capacidad de perdón, a no ser, quizá, que anden por el medio la crueldad, la deslealtad o el fanatismo. El perdón se hace más exigente en estos casos. —Lo peor de buscar la verdad es encontrarla. ¿Qué hacer entonces con ella? Aunque es cierto que la verdad siempre tranquiliza. —La metáfora del amor no puede ser ni la pasión ni la compasión. —Medio mundo anda aún en la lucha por libertades mínimas. —La adulación es el alimento de los vanidosos y de los que entienden la vanidad como norma de vida. —La memoria pesa, aunque no se vea. Por eso es tan fácil perderla, tergiversarla, acomodarla o reinterpretarla. Pocas veces es lo que en realidad fue. Y muchas veces interesa que no sea. —Uno no es necesariamente de donde nace, sino de donde es tratado con amor. —Las críticas de vagos, inútiles y de quienes todo lo hacen por interés propio, incluso cuando deben ser vigilantes de los intereses comunes, se convierten, a la larga, en los halagos más satisfactorios. —Con frecuencia el silencio es la manera más inteligente de decir las cosas. —Ser coherente es buena razón de vida. Cuando quieres agradar a todos, incluidos los instalados injustos y contrarios al común, que los paga sin siempre saberlo, has dado el primer paso para no ser respetado ni siquiera por aquellos a quienes consientes. —La bondad no debe estar reñida ni con el rigor ni con la justicia. Siempre hay alguien que pretende equivocarnos. —¿Será cierto eso que algunos dicen que solo entre los perdedores puede echar raíces la belleza? Sigo pensando que una de las grandes carencias de nuestros días es la falta de capacidad para emocionarse. Pero también que la soledad es uno de los mejores bálsamos contra la soberbia.

Acabo con dos ideas de Umberto Eco, con las que, como en cualquier caso, se puede o no estar de acuerdo. Faltaría más. El papel del intelectual, dice, «no es hablar a favor de su partido, sino contra su partido». Y «Algunas veces, el lector es más tonto que el autor, pero algunas veces el texto es más inteligente que el autor». Buenos días.

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