TIC, tic-tac
H ace años que las distancias no se miden en kilómetros, sino en tiempo. Londres estaría más cerca de León que La Cabrera si el aeropuerto fuese lo que soñamos y se tardara poco más de una hora en alcanzar territorio británico y ciento y pico en serpentear por caminos comarcales para llegar a cualquiera de los bucólicos y lejanos puntos de la enorme y escarpada geografía que adorna la provincia.
Ahora también el mundo rural se mide en tiempo, y no en población por municipio. Lo explicó esta semana Enrique Martínez, leonés ahora director del Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, que está poniendo en marcha el proyecto del ‘mundo rural inteligente’. El planteamiento es apasionante, un reto. En el universo digital y tecnológico que nos engulle, no importa si vives en un pueblo de cuatro habitantes en el pico de más allá; sólo tendrá relevancia cuánto tiempo tardas en conectarte a los servicios 4.0. Y que te atiendan, claro.
Es más, las instituciones no se moverán por sus competencias, sino que serán los problemas de los ciudadanos los que marquen la pauta porque deben ser resueltos. «Más allá de quiénes estén implicados, y sin trasladar al ciudadano la complejidad del operativo».
Bonito proyecto y apasionante reto. Quizá en algún lugar más allá del arcoiris, porque de momento aquí una y otra meta parecen difíciles de alcanzar. No perdamos la fe. Cierto es que cuesta imaginar a los viejitos de nuestros abandonados pueblos adaptándose al lenguaje digital. Sólo hay que ver lo que están sufriendo con los nuevos parquímetros anti-trueque de tiquets para imaginar cómo se manejarán con un portátil que les diga cuándo tienen que presentar los papeles de la PAC o la declaración de la renta, que para eso el sistema es inteligente.
Pensemos a futuro. Y ahí sí. Sólo en un entorno digital con igual acceso a los servicios que en las ciudades puede intentarse fijar población joven en el medio rural. Claro que para digitalizarse hace falta que llegue la tecnología. El enchufe, vamos. Pero eso es cuestión de voluntad política y de responsabilidad empresarial, ahora que tanto luce la responsabilidad social corporativa.
Inteligente será, sobre todo, recuperar el pulso del mundo rural. No tiene sentido que Hong Kong esté cerca y Babia demasiado lejos. Eso es lo perseguible. Cualquier otro discurso de los que estamos acostumbrados a oír será seguir haciendo el imbécil. Aunque sea digitalmente hablando.