HOJAS DE CHOPO
Lecciones de economía (2)
Acababa las últimas hojas hablando de bancos. El Gobierno prometió que los ciudadanos no pagarían la crisis, pero en su momento el Banco de España dejó un montón de millones al sistema financiero para que se recapitalizara, aunque ya admitiera que 26 300 se habían perdido para siempre. A mediados del mes pasado los medios ofrecieron noticias como esta: «El Banco de España da por perdidos unos 60 613 millones de euros en ayudas públicas a la banca con cifras de cierre de 2015, el 78’7 % de los 76 950 totales, lo que supuso un aumento de la deuda pública de 50 312 millones con datos de abril». Los 954 millones de ayuda a Caja España y Caja Duero, irrecuperables. Nadie da explicaciones ante tantos desbarajustes y atropellos cometidos en la Caja de raíz leonesa. ¿Alguien podrá explicar algún día la película económica rodada en los interiores de Botines? Sería muy de agradecer. Un buen trabajo de tesina. De tesis doctoral mejor. Ante los despidos y similares provocados por la situación, los corresponsables de la misma, según recogieron los medios en aquel momento, se ofrecieron, indignados, a luchar para revertir la situación. Por favor, que no los dejen acercarse. Fíjense, por ejemplo, en la transcripción de esta noticia que parece olvidada: «Ninguno de los ejecutivos que arruinaron Caixa Galicia y Caixanova entrará en prisión y varios de ellos podrán disfrutar de pensiones millonarias (acumulan, por ejemplo, fondos de 10’8 millones, 5’1, 9’2 y 8’1)». Posible título del trabajo: «Las pensiones de quienes arruinaron el sistema financiero, ¿recompensa o despropósito?».
Un buen regalo. Lo que solicita mi contertulio, tan poco ducho en esta delicada materia como servidor, son varias cosas a la vez; eso sí, sin el sofoco del calor, a la sombra de los nogales. ¿De dónde han salido esos 60 613 millones? ¿Son más importantes los bancos que los jubilados, que, al parecer, han ahorrado durante muchos años cantidades notorias para mirar al futuro sin demasiado pesimismo? Se pregunta si se podría fijar una cantidad definitiva que cuantifique las pérdidas/regalo. Y qué cantidad correspondería a cada contribuyente. Y cuánto tiempo tardaría en pagarla un sueldo medio o una pensión… Además de la buena nota correspondiente, mi interlocutor se compromete a invitar a una generosa merienda en la bodega que dice tener en el pueblo. «Eso sí —recalca—, con todos los papeles en regla y los impuestos al día».