Diario de León

CUARTO CRECIENTE

El reino de las sombras

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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Cuentan los historiadores del cine que el escritor ruso Máximo Gorki, atónito como todos los que presenciaron una de las primeras exhibiciones del cinematógrafo en la feria de Nijni-Novgorod, definió a las imágenes sin sonido y sin color que proyectaba el invento de los hermanos Lumière como «el reino de las sombras». Y lo que decía de aquel universo nuevo parece un relato de terror.

«Ayer estuve en el reino de las sombras», escribió Gorki. «Si supierais hasta qué punto es aterrador… Allí no existe ni el sonido ni el color: todo, la tierra, los árboles, los hombres, el agua y el aire, todo tiene allí un color gris uniforme. En el cielo gris, rayos de sol grises; en los rostros grises, ojos grises. Y hasta las hojas de los árboles son grises como la ceniza: no es la vida, sino una sombra de vida. No es el movimiento, sino una sombra de movimiento, desprovista de sonido».

A Gorki, como a todos los espectadores de 1896, le impresionaba, sobre todo, la imagen de la llegada del tren a la estación de La Ciotat, quizá la película más famosa de los Lumière.

«De repente, se oye un crujido (...) Y en la pantalla aparece un ferrocarril. Se lanza hacia usted como una flecha, ¡cuidado! Parece que va a precipitarse sobre la oscuridad y nos convertirá en un saco de piel despedazada, repleto de carne magullada y de huesos triturados, se diría que va a destruir, a reducir a polvo esta sala, este establecimiento lleno de vino, mujeres, música y vicio. Pero también no es más que un tren de sombras. Silenciosamente, la locomotora desaparece más allá del marco de la pantalla. El tren se detiene, siluetas grises descienden de los vagones sin hacer ruido, se saludan en silencio, ríen, corren, se agitan, se emocionan sin emitir un sonido… antes de desaparecer».

El cine avanzó, claro. Llegó el sonido. El color. Las tres dimensiones. El formato panorámico. Y en los últimos años han inventado los efectos digitales fabricados por ordenador. El cine sorprende otra vez, como al principio. Pero las imágenes que vemos ahora ya no son reales. La tierra, los árboles, el agua y el aire, todo tiene la textura de lo virtual en las películas blockbuster. Y los espectadores nos hemos convertido en las sombras que miran, a este lado de la pantalla, para hacer realidad el cuento de Gorki.

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