TRIBUNA
Vacaciones

L as vacaciones, el asueto anual, no suele ser tan perverso como cuentan las malas lenguas, sobre todo si se escoge Asturias en Julio como destino para practicar el ocio decenal del año en curso. El verdegay de su mar bravío, sus montañas boscosas, sus ríos serpenteantes, su gastronomía singular, ofrecen todos los componentes imprescindibles para el olvido de la rutina mesetaria. ¿Qué tienes una horas de orballu ?, mejor que mejor si tu origen es la tierra del Santo Grial auténtico, donde no llueve desde in illo tempore.
Bueno…algún inconveniente ingrato sí existe. Por ejemplo el hecho muy común de encontrarte al paso a ese ser de tu lar, con ánimo de hacer pandilla regada con unos culines de sidra. Mas, el problema no es grave si tomas las debidas precauciones ante el tío plasta que te conoce «de toda la vida». Personalmente utilizo un sistema muy práctico: antes de salir de la provincia, en una cuartilla plastificada (son muchos los que dan la turra), escribo una nota para (mudo) mostrar al agresor. Dice así: «Tengo una infección viral en la faringe y en las amígdalas, que me provocan una molesta inflamación en las cuerdas vocales. No puedo hablar y, ¡cuánto me gustaría tomar unos culines contigo para charlar de los viejos tiempos! A ver si se me pasa pronto. Nos vemos.» Él insiste, pero ante el infortunio de no poder arruinarte la tarde, marcha con su señora, no sin antes recomendarme té de limón con miel. «Es un buen antihistamínico», concluye el desventurado. A otros de la misma condición les hablo de mi impenitente dolor de espalda. No debo andar mucho y además las sillas asturianas plegables de madera, ¡qué horror!, me causan fuertes dolores entre la quinta y sexta vertebras dorsales. También suele dar buen resultado. Así que, liberado, me voy a un chigre que nunca conseguirá ni un cuarto de estrella Michelín para tomar unas parrochas, mientras mi mujer me dice: «Un día te lo van a notar. ¡Cómo eres!». Yo contesto que a todos esos desdichados deberían imponerles penas de prisión sin fianza o, al menos, alguna medida cautelar. En realidad, con una prohibición de acercamiento de unos 500 metros sería suficiente. Pero, Asturias patria querida no es la causante de las mencionadas incidencias. Asturias de mis amores y su agradecido y lúdico paisanaje significan, respectivamente, una parte histórica de nuestro terruño y la consabida relación de hermanos de carne y sentimientos. Eso sí: nosotros enmarcados dentro de lo circunspecto y recatado. ¿Culinaria? Como en cualquier lugar: buena, regular con pretensiones, mala y extraordinariamente buena según el caso y los euros dispuestos a satisfacer por la comanda. Por otra parte, algunos figones son los inventores de un sistema muy singular: todos los días, digo todos los días en sesiones de almuerzo, el mismo «menú del día», sin opción a cambiar el pote asturiano, el rollo de bonito ni el arroz con leche, por otras ofertas invisibles en el usadísimo papel anunciador del abundante refrigerio. Buen invento para la cocinera. Sí señor.
No obstante, Asturias es querida por la meseta y correspondida por el hermanu costero. Fue una pena que (no se sabe por culpa de quien) en el momento del reparto, no se constituyera la comunidad Asturleonesa; una comunidad complementaria y fraterna donde las haya. Quién estuviera en Asturias en todas las ocasiones. Otro gallo nos cantara si hubiésemos hermanado el botillo berciano con las parrochas; Sariegos con Ribadesella. Hubiéramos ganado los del puertu p´acá. Hay que ser optimistas. Todo se andará. Amén.