Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Solemos mirar a nuestro alrededor desconcertados y perplejos, con creciente y preocupante desapego hacia la realidad —para muchos ya hay otra realidad, la virtual, más auténtica que esa otra que les rodea y que encuentran en exceso dura, polvorienta y fatigosa—, y una única certidumbre, la de que apenas podemos hacer nada para cambiar las cosas. Pero ese argumento estrella de los ensimismados y los ramplones no es cierto en absoluto. Se puede hacer mucho, se puede hacer casi de todo, sólo hace falta querer y saber. Pero, sobre todo, querer.

Conversan las gentes sobre el terrorífico, alarmante e imparable proceso de despoblación rural; miles y miles de poblaciones que un día fueron ancla de civilización y que hoy son o llevan camino de ser solo silencio, memorias de vida aventada, y cultivos monocromos que envenenan el aire y el suelo y que han convertido el diversificado y rico campo de antaño en polígonos agrarios que suspenden la asignatura de la sostenibilidad. Maldicen y denuncian olvidos, éxodos y alimentos que llegan quién sabe de dónde, destruyendo, tanto donde nacen como donde se consumen, milenarios conocimientos y modos de labor, condenando a múltiples desertizaciones, y todo, claro, por la pasta global.

A esas voces de lástima hay que contestarles que sí, que se pueden hacer cosas, y cosas tan sencillas como comprar... en la tiendina. La tienda de barrio que ofrece productos de las comarcas más próximas en vez de esas máquinas surtidoras de alimentos ultraprocesados que en gran medida son los supermercados, la tienda que se abastece de artesanos y cooperativas, el comerciante con el que hablar, discutir y arreglar el mundo como hemos venido haciendo desde que aprendimos a guardar el equilibrio sobre dos patas... acudir a esos pequeños templos de la hortaliza, la fruta, el embutido, el queso o el licor —como también acudir a esa fórmula estupenda que pone en contacto a consumidores y a productores locales, La Colmena, también presente en León— significa apostar no sólo por nuestra salud, sino también por la de nuestro territorio.

Cambiemos hasta el lenguaje. En vez de «bajo al súper», empecemos a decir, y cada vez más, «bajo a la tiendina».

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