Diario de León
Publicado por
EN BLANCO José Luis Gómez
León

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U n pacto autonómico entre el PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha ha desatado un sinfín de especulaciones sobre la posibilidad real de un pacto de Gobierno en España entre esas dos formaciones políticas para desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa. Lo único cierto, a día de hoy, es que el Partido Socialista Obrero Español, con Pedro Sánchez al frente, sólo llegó a firmar un embrión de pacto de Gobierno con Ciudadanos, algo que jamás fue posible con Podemos. Albert Rivera exageró tanto el valor de aquel pacto que vio en él la ensoñación de una nueva Transición «para otros cuarenta años».

Más allá de las especulaciones y de los dimes y diretes, los hechos demuestran que solo Pedro Sánchez y Albert Rivera han demostrado tener capacidad política para desbloquear situaciones complejas. Otra cosa es que —juntos— sumen lo suficiente, que fue lo único que les impidió gobernar en España para mayor gloria de Mariano Rajoy, ante la ausencia de compromiso con el cambio de Pablo Iglesias.

Desde la recuperación de la democracia, los pactos autonómicos y locales del Partido Socialista comprenden prácticamente a todas las fuerzas políticas, desde la izquierda hasta la derecha, incluidas las formaciones nacionalistas e independentistas de distintos signos ideológicos. En cambio, sus pactos de Gobierno en España han privilegiado siempre a las formaciones nacionalistas. En definitiva, un pacto de Gobierno PSOE-Podemos sería, pues, una novedad de gran alcance para la cultura política de los socialistas y, por supuesto, también de sus votantes.

¿Es Podemos un buen socio para los socialdemócratas? ¿Serán Pablo Iglesias y Pedro Sánchez complementarios? En general, el Partido Socialista siempre ha estado cómodo en sus pactos con los nacionalistas, ya fuese en Cataluña, el País Vasco o Galicia, o en el conjunto del Estado. En cambio, tuvo muchas dificultades para gobernar con Izquierda Unida, que sería la formación política más parecida a Podemos. Incluso cuando en aquel momento las dimensiones políticas de unos y de otros concedían una clara ventaja a los socialistas frente a los comunistas.

Es posible que el futuro depare novedades en ese sentido, pero lo que no es descabellado es pensar que traerá consigo muchas tensiones. No hay peor astilla que la de la misma madera.

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