HOJAS DE CHOPO
Ciertos sonrojos
Dos hechos relativamente recientes, mediado el pasado mes, me conducen a la reflexión de que el lenguaje, con tantas propiedades hermosas, puede convertirse en arma de imprevisible alcance, más aún en el caso de los políticos. Suelen estos ensalzar la normalidad como si fuera algo extraordinario, naturalmente conquistado por ellos. Faltaría más. Pero limitan los acontecimientos de relevancia reduciéndolos a un lenguaje chabacano y barriobajero, aunque piensen que de sus bocas –y de los adentros, donde habita el sentimiento— fluyen sin cesar elegantes mariposas y ángeles azules.
Recordarán que por esas fechas se celebraron homenajes a Miguel Ángel Blanco al cumplirse los veinte años de su desgraciado y cruel asesinato por la banda terrorista. Nuestros políticos, incapaces de unirse en declaraciones institucionales, fueron, una vez más, muestra de mal ejemplo y utilización partidista de un asunto tan serio como este, al enzarzarse en una verdadera y desagradable batalla. Unos, queriendo una adhesión inquebrantable y universal a sus postulados. Otros, planteando diversas alternativas, se supone que también para llevar la contraria. Todos, como consecuencia nada ejemplarizante para la ciudadanía, con faltas de respeto, negaciones de saludo y acusaciones de diverso calibre que condujeron a insultos y abucheos. Uno piensa, ante lo visto, si hay verdadera sinceridad en estos actos o se esconden detrás de ellos otras intenciones. Porque, tal como se sucedieron los acontecimientos, más se convirtieron en un espectáculo bochornoso que deja en entredicho el verdadero homenaje. Qué ejemplo.
Difícil papeleta cuando en un partido se sigue hablando de vencedores y vencidos. Tal premisa suele hablar de personas —es l?a lucha por el poder—, no de ideas, cimiento de cualquier pretendida transformación, generalmente, en este caso, lleno de carencias, como fácilmente podrá comprobarse, a pesar del eufemismo tan frecuente de «luchar por los ciudadanos». Y es que, por esas mismas fechas, y según consta en las hemerotecas, los insultos se cebaron en el Partido Socialista leonés. Los que se marchaban, volvieron, en una especie de resurrección que empuja a algunos a miras más altas y rentables. Dicen los llamados perdedores sentirse acorralados. Solo entre unos y otros anda el juego. Nadie más puede participar. Advertencia de un postulado antiguo: «El hombre que nada arriesga por sus ideas o no valen nada sus ideas o no vale nada el hombre». Buenos días.