Actúa y la izquierda
P odemos lleva sobre sus espaldas un inolvidable pecado original, que perseguirá a esta organización y a su líder Pablo Iglesias mientras vivan: no haber preferido apoyar un gobierno de centro-izquierda pactado por el PSOE y C’s después de las elecciones generales de 2015, facilitando así la continuidad de la derecha, la perduración de las mismas políticas. Aquella decisión de Iglesias supuso el boqueo político de la izquierda que se consolidaría poco después, cuando el líder populista decidió aliarse con Alberto Garzón y parasitar el espacio de la izquierda radical que históricamente ha ocupado IU, y que con Anguita ejerció a conciencia el odio leninista a la socialdemocracia hasta el punto de formalizar una pinza con el PP contra el PSOE. Esta situación de bloqueo es la esgrimida por los fundadores de Actúa en su manifiesto fundacional, que dice textualmente: «Confiábamos en que las fuerzas progresistas conocidas y las de más reciente aparición evitarían la continuidad del PP en el gobierno. Por razones que obedecieron a intereses partidistas, esto no ha sido así. Y la realidad es que el mayor cambio electoral acaecido en España desde el inicio de la Transición ha dejado de lado la urgente y necesaria regeneración del Estado y de nuestra democracia».
La iniciativa está suscrita por relevantes personalidades progresistas: además de Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares, suscriben el manifiesto Cristina Almeida, Federico Mayor, José A. Martín Pallín, Luis García Montero, Carlos Berzosa, Almudena Grandes, Antonio Gutiérrez. Y lo más desconcertante es que sus promotores manifestaron que aunque la inscripción como partido es para preservar el nombre, no descartan presentarse algún día a unas elecciones. El problema de la izquierda no es la falta de estructura sino el exceso de particularismo, la sobreabundancia de organizaciones descoordinadas entre sí. Por ello, quizá haya llegado el momento de que los promotores de nuevas aventuras —sean plataformas, lugares de encuentro, propuestas de convergencia o nuevos partidos políticos— adquieran un compromiso solvente con las formaciones políticas existentes y las impulsen desde dentro con su influencia. Empieza a ser paradójico el hecho de que la crítica a los partidos por parte de muchas personas distinguidas de la izquierda no se haga participando en los debates desde la propia cocina partidaria sino a través de organizaciones satélite que dan mucho renombre pero que no sirven materialmente para nada