fuego amigo
La república de Cistierna
El lunes 14 hizo un siglo de su proclamación. Aquel verano de 1917 León fue un hervidero atizado por la explosiva confluencia de tensiones y penurias. La sangría de emigrantes (en un solo mes llegaron a embarcar para América, en Vigo, 572 leoneses) se unía a la crisis de subsistencias, al paro creciente y al recrudecimiento de la guerra de Marruecos, cuyas levas eran cada vez más codiciosas y frecuentes. Todavía dos años después, el gobernador Eduardo Rosón, padre de los políticos ucedeos, prohibía la salida de la provincia de huevos, patatas, judías, trigo, harina, aves y ganado de todas clases, “de los que se carece en la capital y muchos pueblos de la provincia”. Los ferroviarios se declaran en huelga el 10 de agosto, concentrándose en los alrededores de la estación. Hubo enfrentamientos, detenciones, carreras y pedradas. Los días siguientes prosigue la bronca: incendio del depósito de máquinas de la estación, apedreamiento de trenes, levantamiento de vías y más encarcelados. El 13 se suman al paro canteros y albañiles, tipógrafos y metalúrgicos.
Pero donde el movimiento revolucionario muestra su mayor virulencia es en las cuencas mineras. En Gordón, Sabero y El Bierzo los mineros se apoderan de los cuarteles. El día 15 de agosto se unen a la huelga los panaderos. Son jornadas de registros, que incluso alcanzan al venerable Gumersindo de Azcárate en Villimer, y detenciones, que revelan el nerviosismo de las autoridades, desbordadas por el brío obrero. El 14 de agosto los sublevados en Cistierna y Sabero proclaman la república desde el balcón del ayuntamiento, izando la bandera tricolor. Por entonces, todo el valle minero estaba adscrito al municipio de Cistierna y esa dependencia de la villa del Esla explica la fugacidad de aquella república, que sólo alcanzó a cumplir diecisiete días. Diez años más tarde, en 1927, Sabero estrenaría su propio ayuntamiento. La voz cantante la llevaba Diego Rozas Reyero, fundador de la agrupación socialista, emigrante tres años en Estados Unidos, y perteneciente a una familia de rancia prosapia, con escudo de lobos, encinas, media luna y varias cabezas de moro cercenadas.
Don Diego había nacido en Olleros, donde murió el octubre anterior al triunfo de la República. Convencidos del éxito de la insurrección en otros lugares del país, nombraron una junta de gobierno, cuya audacia principal consistió en declarar la guerra a Alemania. Después de las penalidades asociadas a la derrota, Rozas fue elegido en 1920 concejal en el ayuntamiento de Cistierna. Luego perdió a su único hijo y entró en un ensimismamiento en el que lo apresó la enfermedad que lo conduciría hasta su muerte. El panteón civil de Olleros, donde reposaba, fue destruido durante la guerra.