Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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Los estertores de la minería del carbón están resultando más patéticos que los ya esperpénticos últimos años del sector, en los que los gobiernos centrales pasaron sucesivamente de la indiferencia al abandono, de ahí al escarnio y finalmente a la burla más intolerable. Los propios sindicatos califican lo que está ocurriendo en estos meses, en los que se materializa la muerte por inanición de las pocas empresas que aún resistían en el sector, de circo vergonzante. Una pista en la que cada uno representa su papel sólo para hacer lo mismo mañana, hasta que las luces, ya parpadeantes, se apaguen para siempre.

La política sobre la minería de los últimos años, muchos ya y con varios gobiernos de todo signo, ha sido la del ‘dolce far niente’. La nada más absoluta. Al menos ahora debería atenderse la póstuma reclamación de las comarcas y los mineros: que reconozcan que no hay nada que quieran hacer, y cierren la puerta del carbón con dignidad. No es pedir mucho, pero yo no me haría ilusiones. Si no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, la minería puede presumir de haber sufrido el más humillante de los despechos.

Andan de nuevo los sindicatos de ronda política y amenaza de movilización. Hace bien poco uno de sus líderes nacionales anunció una huelga general en el sector si no había movimientos de urgencia. ¿Y quién se va a poner en huelga, y qué va a paralizar?, fue la pregunta. ¿Quiénes van a echar el pulso a qué? No hay armas ni enemigos a los que retar. Esa es la gran impotencia. El descalabro minero deja en herencia una lección que pone los pelos de punta: firmar acuerdos con los gobiernos de turno, aunque sea con abundancia de flashes y tras arduas negociaciones, incluso un documento con rango de ley, no garantiza absolutamente nada. Más de 20 años lleva el carbón firmando ambiciosos y sesudos planes de reestructuración que sólo han seguido una línea clara: la del menguante cumplimiento de los acuerdos, hasta llegar a la nada en el marco de actuación que se firmó en 2013.

Queda poco más de un año para que se oficialice el cerrojazo europeo al sector minero español. No hará falta esperar a tanto para verlo desaparecer. Dramático ver cómo no cabe esperar siquiera una reflexión de gracia por parte de un Gobierno que ha incumplido sin sonrojo su propia ley. Ahora que tanto apela al respeto a la legalidad.

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