AL TRASLUZ
Se busca tonto útil
Todo nacionalismo es superstición. ¿Qué diferencia hay entre creer en el hombre lobo y en unos derechos históricos que si los enchufas a un detector de mentiras te cargas la máquina y todo el tendido eléctrico? Ninguna. Tan superstición es una como otra. Y engañifa por engañifa, es más pausible creer que en los días de luna llena Oriol Junqueras se convierte en hombre lobo que, toma del frasco, por catalán es más listo y guapo que los demás. Una banda de buhoneros está gobernando Cataluña a golpe de supersticiones. ¿Se las creen ellos mismos? No, simplemente, tiran el anzuelo y esperan a que se pique. La adulación es su cebo. La poltrona, su negocio. Salvar el trasero de los Pujol y sus 40 ladrones, la intención oculta del sector cursiburgués. Por ello, el separatismo necesita un golpe de efecto. El Gobierno central lo sabe y repite una palabra en todas sus declaraciones: «proporcionalidad». Es precisamente lo que los timadores del independentismo no quieren. A ellos lo que les vendría bien es un sopapo, que las gafas de Puigdemont salgan por los aires. Por ello, asegura el fiscal general, José Manuel Maza, en una entrevista en El Mundo, que a los separatistas les vendría de perlas una reacción «desproporcionada» por parte del Estado. Proporción es un concepto dinámico, lo que ayer era excesivo hoy puede no serlo. Depende.
Todas las supersticiones denotan ignorancia; algunas, además, taras morales. En la última díada hubo quienes se hicieron selfis con Otegui, no por credulidad ingenua sino por convicción malvada. Este señor es licántropo de carne y hueso. Se fotografiaron con él y con lo que representa, cuando aún humea el atentado yihadista. «Abducidos» ha llamado Maza a los catalanes engañados con el espejismo de la legalidad del referendo. Y los del selfi, además de abducidos... putrefactos. Repugnante visión.
Puigdemont ha amenazado a Rajoy: «No subestimen la fuerza del pueblo de Cataluña». Palabras merecedoras de oídos sordos, salvo porque confirman que les urge hallar un tonto útil que reciba dicho gran sopapo mediático, que les convierta en portada en el New York Times. De no aparecer, ya se inventa. Porque si algo les sobra es tropa de incrédulos. O sea, de supersticiosos.