Diario de León
Publicado por
MAría J. Muñiz
León

Creado:

Actualizado:

Vale, la prensa no tiene muy buena prensa. Vaya por delante que no la merece tan dudosa, las películas que nos escupen quienes por suspicaces y desconfiados de barra de bar creen ejercer el sanedrín de la verdad dan a veces mucha risa. No es posible ser esto y lo contrario a la vez, y no tener razón ni defensa te pongas donde te pongas. El periodista es al fin el saco de boxeo en el que todo el mundo descarga sus ansiedades y sus decepciones. En menos (pero oxigenantes) casos, sus esperanzas. Saber encajar los golpes, separar el grano de la paja y sacudirse el polvo para seguir adelante con la honestidad y las entendederas bien altas es el ejercicio diario que sortea el profesional. No es fácil. Y no es queja. No me cambiaba por quien atiende a otros congéneres tras el mostrador de Hacienda, la caja del supermercado, la ventanilla del banco, los bajos del coche en la ITV... Cada palo tiene que aguantar su vela, que conlleva su luz y su gota ardiente.

Si tuviera que señalar un punto débil en aquellos que formamos la tropa que hace la calle señalaría el exceso de aguante, y un precavido compromiso empresarial (laboral, que en ello nos van los sueldos) a la hora de plantar cara a los abusos y abusillos. El periodista aguanta, espera, desespera. Pero apunta y transmite. Hasta cuando la cosa le sale bien hay quien entorna la mirada con sospecha...

El contubernio empresario-catalán de cobrar por asistir a las ruedas de prensa no deja de ser un absurdo más en una inquietante película de la que la mayoría de los ciudadanos han desconectado hace tiempo. Desorientados y decepcionados por la falta de visión, y sobre todo de cintura política, de unos y otros. Una cosa es no cobrar por informar. Otra, ridícula en la pantomima actual, pagar por copiar al dictado consignas más que cuestionables.

Lo malo del asunto es que el absurdo no acaba mañana. En lo político seguirá como el conejo sin alma ni descanso de aquellas pilas sin fin. Un mecanismo insensible a las aspiraciones políticas o sociales de unos y otros. Tropelía de la razón y cintura incapaz (por todas las partes) desde hace tanto tiempo que el enquistamiento no tiene cirugía. Si acaso, tratamiento paliativo. ¿Hay medicina? Intentar enfangar también el derecho constitucional a informar sólo es un paso más en la estrategia del calamar. Muchos tentáculos y mucha mierda entintada para distraer. No cuela.

tracking