Diario de León
Publicado por
cuarto creciente carlos fidalgo
León

Creado:

Actualizado:

C arles Puigdemont cambió el pasado domingo de coche en un túnel para despistar al CNI, que le seguía con un helicóptero, y votar así en el simulacro de referéndum que ha fracturado la sociedad catalana y ha despertado viejos fantasmas en el resto de España.

El túnel de Puigdemont es el mismo que el de Mariano Rajoy, en el fondo. Un túnel oscuro, donde no corre el aire. Y allí, en la oscuridad, nos quieren meter a todos, sin equidistancias.

En la cueva de Puigdemont se oyen gritos airados, himnos insurrectos y existe un odio larvado; el que ha alimentado durante años una Arcadia nacionalista que necesitaba un enemigo para prosperar y que lo encontró en un mensaje muy simple: España nos roba. Un eslogan que después de la torpeza del Gobierno cuando decidió usar la fuerza para frenar una votación, por muy ilegal que fuera, ha mudado en otro igual de sencillo, pero igual de falaz; España nos pega.

Y España tiene muchos cabos sueltos, seguro, empezando por el de la Transición, que está inacabada. Pero nadie puede decir sin causar sonrojo que Cataluña ha vivido los últimos cuarenta años reprimida por un régimen dictatorial, oprimida por un sistema que no reconocía su identidad diferente. No es verdad.

La caverna de Rajoy tampoco es menos negra. Allí también se oyen voces que vienen de lo más profundo de la oscuridad y que jalean ‘a por ellos’, que piden acabar con el adversario, como si descabezando al contrario se pudiera borrar al treinta y ocho por ciento de los catalanes que quiere la independencia. Esa trampa está nutriendo el descontento, y las apelaciones de la Comisión Europea a buscar «una vía adelante consensuada», y las portadas de la prensa internacional poniendo el foco en las cargas policiales tras el falso referéndum lo demuestran.

En todos los túneles, incluso en los más oscuros, siempre hay una salida. Una luz al fondo, una esperanza, aunque ahora nos cueste verla. Fantaseo con la idea de que en algún momento se encienda la luz dentro de la cueva y los rostros de Rajoy y Puigdemont se encuentren, de repente, enfrente el uno del otro.

Y si ya no les queda espacio para el diálogo, esa palabra que a algunos tanto les cuesta pronunciar, que se vayan cada uno por su lado. Y que vengan otros.

tracking