Diario de León

EDITORIAL | Daño ingente a Cataluña y a España para acabar reculando acobardados

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Lo que se pretende mostrar como un ejemplo del famoso ‘seny’ catalán —al reiterar la trampa de ofrecer un diálogo que ya surge enturbiado— es simplemente un ejercicio de cobardía. El llamado ‘proces’ vivió ayer un nuevo esperpento con una especie de ‘sí pero no’ para parapetarse y complicar las acciones de la Justicia. Declarar la independencia pero suspenderla de manera inmediata —y con epílogo de firma extraparlamentaria de un ‘papel’ sin ningún tipo de membrete— es un nuevo gesto de irresponsabilidad, porque únicamente sirve para aumentar la inseguridad jurídica y las dudas entre una ciudadanía que cada vez sigue con mayor preocupación lo que está ocurriendo.

El presidente Carles Puigdemont ni siquiera pudo comparecer a la hora prevista porque exhibió que es prisionero de los antisistema de la CUP, a los que tuvo que rendir pleitesía antes de subir a la tribuna de oradores. Y ofreció un discurso, aprovechando el altavoz internacional que ha propiciado todo lo ocurrido en los últimos días, en el que faltó a la verdad sin ningún tipo de reparo ni vergüenza. La afirmación de que se han recortado competencias a Cataluña en los últimos años o de que sufre una discriminación en las infraestructuras y obras públicas es una mentira que roza el insulto hacia los territorios de España que están alejados de los grandes ejes de desarrollo. Y en su relato de lo ocurrido en los últimos años atacó a las instituciones democráticas, incluso al Tribunal Constitucional, cuestionando un sistema en el que se cumple la ley y se garantizan los derechos y libertades, incluso la de expresión a quienes se atreven a poner todo en duda.

La pantomima de ayer en el Parlament catalán es un nuevo episodio que incrementa el daño y que obliga al Gobierno y a la Justicia a reaccionar. Se busca ahondar en la trampa de aparentar que existe un Estado opresor hacia un pueblo que ansía su libertad. Y la realidad es que existen cientos de miles de personas en Cataluña a los que sí les limitan sus derechos a diario con políticas antidemocráticas para imponerles la voluntad de unos que, en el fondo, lo que buscan es destruir el sistema, aprovechándose de la torpeza de esa burguesía catalana que ayer se ‘vendió’ al mundo como la creadora de la democracia y del estado de bienestar que nos hemos ganado todos los españoles.

El ‘sí pero no’ de esta declaración diferida de independencia es apurar el chantaje. Es poner al pueblo español en una situación tramposa, porque no se puede hablar de diálogo con una premisa como ésta. Lo ocurrido el lunes en Valencia, con los incidentes en la calle, prueba que el gran riesgo de fractura social se hace cada vez más real, y que la Generalitat lo anima con tanta sinrazón inadmisible.

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