Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El fantasma de Goebbels, el siniestro ministro nazi de Propaganda, habrá exclamado indignado al ver la estrategia de la Generalitat: «¡Estos separatistas me han copiado!». Y no le faltaría razón al ectoplasma, puede reclamarles derechos de autor. Le han plagiado sus «11 principios de la propaganda», es decir, de la manipulación de las masas. Los Jordis son quienes le daban a la manivela de la insidia orquestada, pero obedecían órdenes de arriba. Antes de ingresar en la cárcel han dejado algunas consignas preparadas, entre ellas ser presentados como «presos políticos», aunque lo cierto es que están detenidos por sus acciones y no por sus ideas. Por estas habría que haberles mandado al museo de Atapuerca. Aunque, dado que el Govern ha montado a golpe de subvención una sólida industria de la patraña, la máquina no se detendrá. También han copiado de Goebbels la convicción de que una mentira mil veces repetida ante la masa termina convirtiéndose en verdad. Por ello, ahora les toca corear que la aplicación del artículo 155 prueba lo dictatorial que es España. Sin embargo, como dijo Lincoln: «Se puede engañar a muchos algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo». Cada vez les funcionará menos si el bloque constitucionalistas hace causa común contra este golpismo. Con matices diferenciadores, como es lógico en partidos tan diferentes, pero juntos en lo esencial.

Nunca ha habido por parte del Gobierno una negativa al diálogo, sino a lo que los separatistas quieren negociar. También Otegi mantiene que el Estado español no desea dialogar sobre «el problema vasco». Y hacen bien. La máquina del embuste victimista funcionará a destajo en los próximos días, pero ya sólo engañará a quienes quieran ser engañados.

«Ah, si llegamos a tener nosotros las redes sociales», se dirá el fantasma del ministro nazi de Propaganda. Todo manipulador desprecia a quienes manipula, a los que percibe como meras tuercas del engranaje. La manipulación es incompatible con la verdad, la honradez y... con el amor. Hagámosles sentir a los catalanes constitucionalistas que no están solos en tan difícil prueba. Qué triste logro el de Puigdemont y los suyos: han terminado siendo la envidia del perverso Goebbels

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