TRIBUNA
La fuerza de la mentira

L a documentación de la Historia medieval de España es muy amplia y considerada como auténtica por los más ilustres historiadores de todos los tiempos. Sin embargo, algunos historiadores están utilizando la mentira para negar la existencia del Reino de León. Analizando las crónicas medievales más importantes desde la Crónica Albeldense, la Crónica Alfonsina, la Crónica de Sampiro y el Cronicón del Tudense, encontraremos mil y una pruebas que demuestran la realidad de la existencia del reino. Las crónicas musulmanas y algunos documentos medievales franceses demuestran la misma realidad. Como datos complementarios se puede añadir casi 300 documentos auténticos firmados por Alfonso VI como rey de León, rey de España o emperador de España. Pocos días después de ser coronada reina, Isabel la Católica dirigió una carta el 8 de enero de 1475 a la ciudad de León con el siguiente texto: «Yo, Isabel, por la gracia de Dios, reina de León, de Castilla… etc».
La negación del Reino de León es cosa moderna, pero desde hace siglos se ha estado sembrando la semilla de la mentira. Esta semilla está programada con el número ordinal de los reyes, de los Sancho, de los Fernando y sobretodo de los Alfonso. Los Alfonso I, II y III fueron reyes astures, los dos últimos fueron ya reyes de Oviedo. Los Alfonso IV, V, VI y VII fueron reyes de León. Esto lo admiten todos los historiadores. El problema empieza con Alfonso VIII. Prácticamente todos los historiadores conceden el número ordinal ocho al rey de Castilla, conocido como el de las Navas de Tolosa y continúan con el nueve, otorgado al rey Alfonso de León, el rey que convocó el primer Parlamento Democrático en la Historia de la Humanidad y conocido como Alfonso IX. Es decir, los reyes asturleoneses llamados Alfonso llevan el número ordinal del uno al siete en perfecto orden, luego ponen el ocho a un rey de Castilla y siguen con el nueve con un rey de León. Lo lógico sería que el llamado Alfonso VIII fuera llamado Alfonso I de Castilla y el llamado Alfonso IX fuera llamado Alfonso VIII de León. Es pura matemática. La numeración ordinal conjunta de los reyes de Oviedo, de León y de Castilla encierra una calculada mentira para manipular la Historia de España de una manera infame.
La historia medieval era enseñada así en los centros de enseñanza: a comienzos del siglo VIII empezó la Reconquista en Asturias. Aquí nació un reino que, a partir de Alfonso II se llamó Reino de Oviedo y, a partir del año 910, Reino de León. En ese reino estaban incluidos los actuales territorios de Galicia, Asturias, León, Castilla, País Vasco y el Norte de Portugal en igualdad de condiciones. En 1065 Galicia consigue la independencia del Reino de León y su primer y único rey es conocido como García I de Galicia. En 1073 se vuelve a integrar en el Reino de León. También en 1065 Castilla consigue por primera vez la independencia del Reino de León. El primer rey de Castilla es conocido como Sancho II, debiendo ser Sancho I de Castilla. En 1072 Castilla se vuelve a integrar en el Reino de León. En 1143 Portugal consigue la independencia del Reino de León de una manera definitiva y su primer rey es conocido como Alfonso I de Portugal, número correcto.
En 1157 Castilla vuelve a conseguir la independencia del Reino de León, ahora ya definitiva y el rey es conocido como Sancho III, debiendo ser Sancho II. En 1158 es coronado rey de Castilla un rey llamado Alfonso, el primero de Castilla con ese nombre y es conocido como Alfonso VIII, debiendo ser Alfonso I de Castilla.
La pregunta es obligada ¿por qué los reyes de Galicia y de Portugal comienzan por el número ordinal primero y los reyes de Castilla continúan los números ordinales de los reyes de León? La respuesta es sencilla: los historiadores consideran que todos los reyes de Oviedo y de León eran en realidad reyes de Castilla. Esta numeración ordinal de los reyes contiene un error de bulto: desde 1188 hasta 1217 Castilla tuvo dos reyes al mismo tiempo: Alfonso VIII y Alfonso IX. Es evidente que los historiadores quieren decir que los reinos de Oviedo y de León no existieron, eran territorio de Castilla. Esto quiere decir que la Reconquista no comenzó en Asturias, sino en Castilla. Así lo da a entender el prestigioso historiador Modesto Lafuente, quien en su voluminosa Historia de España dijo: «los reyes llamados Alfonso, Ordoño y Ramiro eran reyes de Castilla».
Se da la circunstancia de que los reyes de Oviedo y León firmaban los documentos importantes como rey de España. No existe un solo documento firmado por un rey de Castilla con el nombre de rey de España.
La Junta de Castilla y León admite como ciertas estas mentiras. El año 2010, al conmemorar el 1100.º aniversario de la fundación del Reino de León, la Junta añadió la coletilla «bajo la Corona de Castilla» Asimismo, en septiembre de 2016 la Consejería de Educación confeccionó un mapa datado en 1150, que envió a todas las universidades de la Comunidad en la que se incluía a Galicia, Asturias y León dentro de la Corona de Castilla. Algunos políticos sabiondos de la Junta han declarado que el Reino de León no existió, que eso es cosa de los leonesistas. Desde la Junta alguno ha ido todavía más lejos al decir que el Reino de Castilla es el más antiguo del mundo, que existe desde hace cientos de miles de años, que nació en Atapuerca.
La negación de la existencia del Reino de León demuestra la fuerza de la mentira utilizada por políticos para conseguir fines políticos, entre otros, la creación de la autonomía de Castilla y León, dos regiones no solamente diferentes, sino las más antagónicas de España. Según demuestra la Historia, mientras estuvieron juntas, las relaciones fueron de enemistad, y cuando estuvieron separadas, nunca hubo amistad, sólo respeto. Copiando una célebre frase de Francisco de Quevedo, me atrevo a decir «donde no existe la verdad es peligroso tener razón porque los mentirosos son mayoría».