Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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De pronto, me acordé y se lo conté a Luis Arias, autor de «La reinvención del Quijote y la forja de la Segunda República». Unamuno se sometió a un exorcismo en San Isidoro, en 1906, de manos del abad Campillo. Lo cuenta de pasada en «León, monumental» (1920), con la promesa de extenderse algún un día, «no sé si para regocijo de los espíritus volterianos». Nunca lo hizo, quizá por constatar que demonios los hay de muchos pelajes, desde los que chillan «¡Muera la inteligencia!» a los que vociferan «¡España nos roba!». También la arrogancia irresponsable es una forma de mal, además de prueba manifiesta de estupidez. ERC y CUP han organizado en el Ayuntamiento de Gerona un aquelarre separatista y acaban de declarar persona non grata a Felipe VI, con el rechazo de PP y Ciudadanos, pero con la meliflua abstención del PSC. Todo muy de casino del XIX, que es el siglo al que quieren arrojar a Cataluña. Días atrás, Josep Guardiola, un diablo hoy en cuarta, también había expulsado azufre verbal: «La voz del pueblo es más fuerte que cualquier ley, incluso que la Constitución». Penalti, coz al derecho. Qué decadencia tan lóbrega la de este entrenador. Qué patético desfile de mediocridades, que nuestra querida Cataluña hermana no se merece. Sin duda, hoy Unamuno hubiese combatido en sus artículos este siniestro separatismo, ideado a golpe de historia inventada.

Puigdemont emplea de forma retorcida el lenguaje. «El Estado español quiere humillar a Cataluña», dijo en reciente entrevista. O sea, a todos los catalanes, incluidos quienes se sienten españoles. Perverso empleo del plural. También ha declarado: «Detenerme no sería una buena idea». A él, en singular. Mientras, en Soto del Real, a los Jordis dicen que les han empezado a gustar las de Manolo Escobar. Todo es ponerse.

Resulta más fácil entender la tesis de Hawking sobre la expansión del Universo que la mente de Puigdemont, que se contrae sobre sí misma. Y no por compleja, sino por malvada. Ya nos gustaría que lo de tal tropa saturniana se arreglase con unos buenos latines en San Isidoro, pero parafraseando al gran clásico del humor: para esta posesión separatista un exorcismo es poco... «hacen falta más quiñones». A ver si con uno gallego.

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