cartas al director
c Luis Alberto Rodríguez de Arroyo escribe con el título ‘Urnas amenazadas’: «Tiene mucha razón Ada Colau cuando mantiene que unas elecciones en Cataluña sólo servirán si se celebran «sin amenazas. Desde luego que si se ejerciera el sufragio en el seno de una democracia consolidada y plena de libertad, sería un ejercicio práctico de lo que ahora únicamente es una bonita teoría. Sin embargo la alcaldesa de Barcelona ha equiparado la declaración unilateral de independencia como una amenaza de un calado similar a la activación del artículo 155. Olvida nuevamente Colau —como prácticamente todo el entorno nacionalpopulista— cómo se ha terminado en una situación y en otra. A la primera —sin ningún género de duda— se ha llegado desde una ruta secesionista de confrontación e ilegal, y la segunda ha sido una evitable consecuencia de la primera. Así las cosas sería efectivamente deseable que cualquier ciudadano tuviera la posibilidad de acercarse a las urnas sin condicionamientos previos. Pero resultará harto complicado. Y es que el falsamente pacífico ambiente soberanista seguirá insistiendo en subestimar todo aquello que no comparta su ideal. Aún recuerdo lo complicado que resultaba en su día acercarse a las urnas vascas con una papeleta diferente a la de la izquierda abertzale. Y lo fácil que resultaba pasear por la calle con el periódico Egin bajo el brazo. Ellos también mantenían que lo suyo no era más que democracia y libertad para decidir, sin amenazas».
c Ángeles González escribe: «Llevamos tres meses en el Ayuntamiento de Reyero disfrutando de la presencia de nuestro diácono don Guillermo, nombrado por el señor obispo de León para atendernos los sábados. El día 14 nos sorprendió con la visita y posteriormente la Santa Misa oficiada por don Roberto Da Silva, secretario particular de don Julián y formador del seminario. Al finalizar procedió a la bendición de una talla de la Catedral hecha por César Álvarez Fernández, vecino de Reyero, y residente en León. Fue un acto muy emotivo. Otra vez, gracias don Guillermo, por el verano que hemos disfrutado con su presencia y por haber podido conocer a don Roberto. Gracias, señor obispo, por enviarnos a don Guillermo. Se lo agradecemos, mi esposo leonés, y una madrileña que quiere muchísimo a León».