TRIBUNA
Los incendios y los políticos
¿ Hasta dónde puede llegar el ser humano? ¿Qué acciones puede cometer a lo largo de su vida? ¿Por qué estamos viviendo en una sociedad violenta? ¿Podemos explicar el por qué se mata? ¿Podemos explicar qué siente el que destroza la vida de los demás ¿Podremos saber por qué se cometen tantos actos delictivos que destrozan una sociedad, un pueblo, una vida, una familia para siempre? ¿Podemos explicar el porqué de los incendios? ¿Qué anida en el ser humano cuando saca de su bolso un fósforo, un mechero, una bengala o un artilugio elaborado ‘ex profeso’ para quemar un monte, destrozar una naturaleza?
Hay misterios en la vida, hay muchas dudas en el ser íntimo del ser humano ¿Tienen explicación o respuesta los incendios, las tragedias del fuego? Galicia siempre fue una región de tierra quemada. No hay año qué el fuego no aparezca en alguna parte de sus rincones. Históricamente se achacaba a las industrias madereras la quema de los bosques como objetivo de lucrarse de la madera y mafias organizadas cometían actos delictivos con fines económicos. ¿Ha cambiado el perfil del incendiario ¿Qué motivaciones tiene? ¿Han surgido nuevos grupos mafiosos? Se han acuñado términos como gente dispuesta a quemar Galicia, nuevo terrorismo forestal, organizaciones incendiarias, incendiarios organizados, organizaciones que intentan rentabilizar políticamente los incendios, trama organizada, incendiarios de escaparate, etc. La mayoría de los fuegos son causados por mentes paranoides que sienten el placer por ver quemar un bosque e ignoro si en su mente anida un ser asesino, no deja de ser un terrorista que desprecia la vida humana.
Por otra parte, los efectos de los incendios, entre otros, dan lugar a sacar una rentabilidad política. Ya se han levantado voces sospechosas criticando que los medios existentes son insuficientes. Que no se han tomado las medidas necesarias. Que inclusive se pudieron evitar. Hasta hay quienes piden dimisiones por no tomar las medidas necesarias para hacer frente a los incendios.
No soy quien, para juzgar las previsiones de un incendio, no soy quien para opinar si hay medios suficientes o no pero hay una realidad, los políticos buscan el efecto social de los perjudicados y los resultados personales y particulares. No hay catástrofe en España que no se culpe directa o indirectamente al poder político. En lugar de buscar soluciones para los afectados. Promover ayudas a quienes se han quedado sin nada, a unas vidas rotas, a familias que perdieron su historia, que no ha quedado nada de su genealogía, que todos los recuerdos quedaron sepultados y hechos cenizas, que lo perdido nunca se recupera, deben todos los políticos aunar esfuerzos personales, sociales y, en especial económicos, para paliar las desgracias y ayudar a aquellos que han perdido sus casas, sus enseres, sus negocios. No, el político es un ave de rapiña, es un animal fiero que está necesitado de presa carroñera y el sentimiento humano queda relegado al interés político porque en este país lo que importa es solucionar mi vida. Es una desgracia tener unos políticos que se aprovechan de las miserias para medrar. Si en este momento hubiera elecciones en Galicia, que el Sr Feijóo se prepare para recibir toda clase de improperios, acusaciones, lo someterían a juicio sumarísimo para que la sociedad gallega lo declare culpable y pierda las elecciones. En los mítines no habría otra bufonada que culpar a un Gobierno de los incendios. Sólo se pretendería un objetivo: tirar a un Gobierno y subir la oposición al poder.
¿Qué harían los nuevos próceres para solucionar las desgracias, en todo caso, no más de lo que el Gobierno de turno podrá hacer? Ahora solo cabe una solución: ayudar a los que lo han perdido todo. Facilitar viviendas, facilitar ayudas para restablecer las industrias. Reforestación de las masas arboladas y arbitrar todas las medidas posibles para encarar el futuro y una política medioambiental más operativa. No obstante, los bosques y masas forestales en España tienen un añadido de peligrosidad que es la despoblación de las áreas rurales dando lugar a un proceso acelerado de abandono de tierras, que son invadidas por vegetación espontánea con un alto grado de combustibilidad. La concentración de la población en las zonas urbanas va ampliando la interfaz urbano-forestal.
Las nuevas residencias, permanentes o secundarias, se ven amenazadas por la espesura creciente en las zonas circundantes. Sería necesario abrir cortafuegos en todas las masas forestales. No cabe duda de que los bosques serían los que más empleo podrían crear. Países, como Alemania, tienen los suelos de las masas forestales liberados de hojarasca y maleza. Para ello, todos aquellos desempleados que no tienen una cualificación profesional y no han querido estudiar, lo que en España llamamos generación ‘nini’, se emplean para la limpieza y desbroce de los bosques.
Si esto lo hacemos en España inmediatamente sacarían los partidos de la oposición la artillería para bombardear al gobierno de turno y, la palabra menos hiriente, sería explotación llevada al máximo extremo de esclavitud. Pero ¿cuánto presupuesto se necesitaría para poner en marcha un plan de prevención de incendios? Lo tendríamos que quitar de educación, sanidad, servicios sociales, etc. Y en este momento ninguna comunidad autónoma tendría capacidad económica para hacer frente al reto medioambiental. Soluciones habría, pero, serían utópicas.
Los gastos políticos en este país alcanzan cifras de muchos miles de millones. ¿Quién propone reducir este despilfarro? De los políticos, nadie. Luego, ejemplos, ninguno. Interpelaciones, las justas y críticas, empecemos por uno mismo. Seguro que si detraemos el despilfarro de tantos organismos y entidades creadas para nada, los fuegos se apagarían antes sin tantas catástrofes. Pero ningún político está dispuesto a renunciar a sus privilegios y el fuego sigue quemando la naturaleza.