Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Ortega y Gasset calificó a Madariaga de «tonto en cinco idiomas». Otros aseguran que tal despropósito lo dijo Azaña. Lo cierto es que don Salvador fue una de las grandes inteligencias de su tiempo, como demostró aquí y en Oxford. Ya sentimos no poder decir lo mismo de la del señor Puigdemont, aunque sepa mentir en catalán, francés, inglés y español. Le falta uno para llegar al quinto. Y como en Bélgica tiene tiempo libre pero no la debida calma, se ha buscado un abogado que mienta en neerlandés por él. Asegura que en España está perseguido por sus ideas, lo que es una patraña. La persecución es por sus actos, y no será porque no se le haya advertido. Insiste en que como aquí no tiene garantías de un juicio justo ha tenido que recurrir a un letrado extranjero, por cierto, ducho en paralizar la expatriación de terroristas, si le pagas entre 500 y 1.000 euros la hora. Con argucia idiomática han presentado el recurso contra la expatriación, con la esperanza de que el caso recaiga en algún juez neerlandés y posible independentista. O sea, que en España considera que la Justicia le persigue por sus ideas, pero allá quiere que un juez le beneficie por simpatizar con las mismas. Extraño sentido de la imparcialidad. Por cierto, ¿quién paga no sólo al letrado sino toda esa numerosa cartelería de las concentraciones? Alguno se está haciendo de oro con la imprenta del victimismo. La pela es la pela. Ya. Y siempre se la llevan los mismos.

«España está alejada de la práctica democrática», se lamenta Puigdemont. Idiomas sabrá, pero viajar no parece que haya viajado. Si en nuestro país —que es el suyo— las ideas fuesen perseguidas él llevaría mucho bailando el rock de la cárcel. Aquí ha habido mucho Job, ahora ya hay menos.

Es la democracia la que le ha permitido llevar hasta el límite sus ideas, sobrepasarlo fue ya su irresponsable decisión. Sabemos que puede mentir en cuatro idiomas, ahora nos queda constatar si en algunos de ellos puede decir una verdad. O dicho en plata y para que se me entienda incluso en neerlandés: «lo que no pue ser no pue ser y además es imposible». Y que no cante aún victoria, ni siquiera repostera: el chocolate belga está muy rico pero, ay, engorda una barbaridad.

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