Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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El desfile de personajes (ex influyentes y expertos en saber lo que ya ha pasado) por la comisión articulada por la Junta para explicarnos lo que ocurrió con las orondas cajas de ahorro pone los pelos de punta, tanto como la patética herencia en la que se diluye aquello que fue llamado a ser «el gran músculo financiero» de Castilla y León. Y que, repartido hoy por entidades bancarias de todo tipo, sigue acumulando la mayor parte del ahorro local, cosa que a veces se olvida. Y con ese ahorro la confianza, quizá porque no hay más remedio, de quienes lo han ido atesorando. Y eso no puede volver a olvidarse nunca.

Declaraciones presuntamente autorizadas provocan sentimientos encontrados entre el sonrojo y la estupefacción. Esta semana pasó por el atril de las explicaciones Manuel Conthe, presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores en aquellos años en los que lo más rocambolesco se consentía bajo la premisa (a sabiendas falsa) de que nada podría quebrantar la fase de expansión feliz y descontrolada en la que todo valía. Porque el desfalco de dinero se tapaba con más dinero; la corruptela con cohecho; el mangoneo político con favores que implicaban mayores esclavitudes; y el interés general con la desvergüenza de miserias particulares, partidistas, absurdas, egoístas y sobre-cogedoras de quienes mimaron con avaricia sus intereses personales. O que se negaron a caer en tales vicios, pero se acurrucaron en el silencio complaciente. Cómplice, al fin.

Conthe confesó, para herir aún más a las víctimas, que las preferentes se comercializaron a sabiendas y pese a las advertencias de que eran una trampa y los confiados clientes no sabían lo que contrataban. Los empleados que las endosaban tampoco las entendían. Todo ello a pesar de que quienes sí debían saber eran conscientes del engaño, sobre todo en los últimos meses de puñaladas; y de que la autoridad que él presumía y cuya función es desinstalar los chiringuitos financieros, no fue capaz de plantar cara a la mafia pueblerina que en cada feudo hacía de su caja un fraude.

Se permitió decir (ahora, que no entonces) que Castilla y León tuvo suerte de no crear aquella gran caja que se anunciaba como el «músculo financiero» de la Comunidad. «Un banco público es un peligro público», confesó. Visto lo visto, el nuestro era una bomba sin relojería.

A más confesiones, más certezas. A la CNMV hay que preguntarle dónde estaba entonces. ¿Acaso no rezuma responsabilidades esta declaración?

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