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¡Viva la barra libre!
No se sabe si en el casco antiguo apenas hay vecinos porque existen demasiados bares, o hay demasiados bares porque no quedan vecinos. Pero la realidad es que esos barrios están muertos, vacíos en horario diurno, pero son un hervidero al caer la noche.
El vecindario ha huido, porque a ver quien está dispuesto a soportar una noche sí y todas las demás también una especie de Nochevieja bajo la ventana. Y en eso es en lo que se ha convertido el Húmedo y aledaños, extendiéndose también por el barrio Romántico. Pero parece que aunque ambos lugares sean ZAS (zonas acústicamente saturadas, por decirlo de manera fina) hay propietarios de locales vacíos que quieren su parte y no entienden que no se puedan abrir allí más tascas. Por eso se han unido y piden al Ayuntamiento que retire las normas que puso para evitar que abran nuevos chigres.
Me parece que, o se unen todos los propietarios de pisos y reivindican sus derechos a poder dormir, a poder alquilar y a poder vender sus viviendas o las ZAS pasarán a mejor vida.
Creo que no nos damos cuenta del gueto que hemos creado en esos barrios. Creo que no somos conscientes no sólo de que no se puede casi andar por las calles a las horas de salir de fiesta, sino de que estamos haciendo de esta ciudad un lugar de borrachera. Y lo que era anecdótico en Semana Santa por el Genarín se ha extendido a los 52 fines de semana del año, empezando los jueves y añadiendo las vísperas de fiesta y los puentes, que son otra veintena. Así que ¿quién va a querer vivir en un lugar en el que la música, el ruido, las peleas y los gritos son el denominador común de las madrugadas de la mitad de los días del año?
Me parece increíble que alguien se agrupe para pedir su cacho del pastel en una melopea que nos va a salir muy cara. Dentro de veinte años la poca juventud que quede aquí estará alcoholizada, la ciudad vacía con unos pocos viejos por el día y por la noche se darán cita los crápulas que vendrán a destrozar su hígado en un Living León, que será lo único que se ha mantenido mientras veíamos impasibles cómo nos han ido quitando todo.
Por eso, más madera, más bares, todos camareros mientras el cuerpo resista. Se puede morir de gloria, pero aquí nos empeñamos en hacerlo de miseria y vomitonas. Adiós a las ZAS. ¡Viva la barra libre!