Diario de León

cuerpo a tierra

Espinar, el proletario audaz

Publicado por
antonio manilla
León

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De Ramón Espinar, portavoz de Unidos Podemos en el Senado y tertuliano audaz, me resulta incomprensible ese afán de revolucionariez expresado a través de los objetos, como una humilde Coca-Cola o una no tan corriente mariscada, como si se tratase de valores o hasta ideas. Los percebes no, aunque existen ferias populares en Galicia, pero nada hay más proletario que un refresco de cola. Ya lo decía Andy Warhol: «Una Coca-Cola es una Coca-Cola, y no hay cantidad de dinero en el mundo que pueda darte una mejor que la que está bebiendo el vago de la esquina». Y es que esa retórica de gestos, tan retaguardista, en el fondo no da sino argumentos a sus rivales. Y hasta exabruptos. Porque, cuando Espinar se puso precolombino con el asunto de no servir la bebida del imperio en la tasca del congreso, más o menos le dijeron: «Muy bien, ahora vete a abrazar leprosos como Napoleón o Santa Teresa de Calcuta».

Aunque arrostra sobre sí la sombra de ser hijo de un imputado por las tarjetas black y la recriminación de criticar en público lo que hace en privado, a costa del piso de protección pública que compró en Alcobendas sin estar empadronado y vendió sin desenvolver, Ramón Espinar se subió al Tramabús que iba decorado con fotos de Rato y Blesa y se paseó por el país apostolando sobre la casta, la especulación urbanística y la corrupción del partido popular. Así se ganó un sitio a la derecha del hombre que mejor concilia en España amor y trabajo. Cuando Pablo Iglesias dijo aquello de «cualquiera de Podemos podría ser mejor presidente que Rajoy», probablemente estaba pensando en él mismo, pero para ministro le tenía reservado un sitio, aunque fuera fotogénico.

Por ahora, además de al Senado, Ramón Espinar acude como representante de la formación morada a debates televisivos. Ante las cámaras, mueve los ojos y las cejas como nadie buscando ideas y en las noches de recuento electoral saca a relucir su calma chicha en el análisis de datos que no siempre son negativos, sobre todo entre la burguesía de las ciudades. Con sus pulseras en la muñeca izquierda y sin reloj, aparenta ser el menos bolivariano de los dirigentes podemitas, quizá porque es el único que parece europeo. Y la cámara le admira, a veces hasta parece que se enternece ante su mirada bailarina y su barba tan doctor House.

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