Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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Nada va más deprisa que los años, así que acaba de cumplirse el 75 aniversario de Casablanca, una de las películas más famosas y celebradas de la historia del cine. Ahora que el inclemente invierno no se recata en asomar los dientes, es el momento perfecto para proveerse de una manta y cobijarse en el sofá para disfrutar de este gran clásico ambientado por la música de Max Steiner, como hice yo la otra noche. La efemérides ha disparado el número de reposiciones del gran clásico rodado en 1942, un tiempo atroz ya que la Segunda Guerra Mundial se seguía batallando a sangre y fuego, por lo que nadie sabía entonces cómo acabaría una barbarie que costó la vida a millones de seres humanos y destrozó la forma de vida de la civilizada Europa. Ante el empuje del delirio nazi, infinidad de refugiados buscaron mejores horizontes en la acogedora Marruecos, como ocurre con Humphrey Bogart en el papel de Rick Blaine, un cínico que conoce el precio de todo pero ignora su valor y que se ha pasado la vida pendejeando por distintos escenarios bélicos, entre ellos la España republicana finiquitada por el franquismo.

Con sus aqueles de galán duro y antiguo, además de esa forma tan suya de hacer las cosas, Rick sucumbe a los azares de la casualidad para reencontrarse con Ilsa, la espectacular Ingrid Bergman a la que tanto quiso en París, un romance simbolizado por el tema As time goes by. Y en torno a la historia central de romanticismo y lucha por las libertades, todo un friso de personajes como Sam el pianista, que siempre la toca otra vez, el héroe Viktor Laszlo o el genial y corrupto capitán de la Gendarmería Louis Renault, uno de esos villanos entrañables que te ponen la sonrisa en la cara. A pesar del tiempo transcurrido, la peli sigue despertando infinidad de sensaciones y sentimientos, hasta el punto que el canto de La Marsellesa por los patriotas galos me provocó un ataque de moñez y piel de gallina. Todo ello demuestra que vivir en el recuerdo, tal como ocurre con el filme, es el más perfecto modo de vida que se pueda imaginar, porque siempre nos quedará Casablanca.

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