Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS ?ARTURO PEREIRA?

Declaro mi devoción por los españoles

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E l pasado 8 de diciembre se celebró, como todos los 8 de diciembre, la Inmaculada Concepción patrona de la Infantería española. Un amigo, distinguido jurista, me regaló un texto referido a lo que significa ser infante. No se centraba sólo en las grandes hazañas históricas del pasado glorioso de la Infantería, sino en lo que es la vida de servicio y vocación diaria de un infante.

Ser infante hoy en día es tratar de hacer bien lo que hay que hacer bien, es esforzarse sin pedir nada a cambio, porque la Infantería es humilde hasta para pedir por no darse importancia, es haber entendido que se vive para los demás y que la vida es una larga marcha hasta llegar al salto decisivo de la vida y la muerte, y verlo bien y no darse importancia y no tomarlo a la tremenda. Estas y otras cosas es lo que enseñan a nuestros cadetes infantes.

Magnífico ejemplo de formación inspirada en los principios de la Grecia clásica cuando se elegía a los mejores de entre los mejores para que fueran garantes de la libertad y democracia.

El infante nunca exige ni se queja, si acaso manifiesta con nobleza y abiertamente su parecer para que no quepan malas interpretaciones o surjan rumores contrarios al espíritu de lealtad que preside siempre su proceder.

Pues lo mismo que estoy orgulloso de nuestros infantes militares lo estoy de aquellos, que sin servir en las filas de nuestros batallones, ejercen de infantes a diario mediante su contribución al bien común inspirados por un fuerte amor a España.

Manifiesto mi devoción por todas las españolas y españoles que aman a su patria, valor clásico que concede dignidad a quien es su distinguido depositario. Amar a España no requiere grandes hazañas, requiere sentirse parte de una forma de entender la vida, reconocer nuestra historia y tener una visión de futuro común basado en la libertad y justicia.

Por ello, declaro mi devoción por los funcionarios que sin recursos siguen creyendo en la administración pública como servicio a los demás, por los que piensan diferente de mí porque ensanchan mi pensamiento, por los que tienen una orientación sexual diferente de la mía porque su amor vale tanto como el mío, por las mujeres que a pesar de todos los pesares que sufren iluminan el mundo, por aquellos que fuera de nuestras fronteras hacen más grande a España con su ejemplo de servicio por la paz y solidaridad. En fin, declaro mi devoción por todos aquellos que hacen que sigamos disfrutando de una patria maravillosa.

Sí, a pesar de ser nuestros peores enemigos, de denostarnos permanentemente, de estar siempre pendientes de lo que dirán de nosotros en el extranjero, gozamos de una patria colmada de dones y virtudes. A un territorio lleno de riquezas y contrastes se une el carácter español, lleno también de riquezas y contrastes.

Somos un pueblo mezcla de muchos pueblos y sangres, quizás único en el mudo. Nuestra singularidad es un privilegio que debemos aprovechar para sumar aportaciones distintas que nos permitan alcanzar metas fuera de lo ordinario, para progresar y nunca retroceder a conflictos y dialécticas estériles.

Alguien dijo que la bandera de España se formó con dos gotas de sangre y un rayo de sol. Seguro que así fue porque todo español bien nacido lleva dentro de sí un infante que no duda en dar su sangre por su patria que es lo mismo que decir por todos los que se sienten orgullosos de ser españoles y su forma de entender la vida.

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