Diario de León
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al trasluz eduardo aguirre
León

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D ios miró a Adán y concluyó: «No es bueno que el hombre esté solo». Lo que vendría después, por los siglos de los siglos y hasta hoy, ya fue cosa nuestra. Algo hemos venido haciendo muy mal con las mujeres, habida cuenta del resultado. ¿Arrastra la cultura española una tara? Cierto que el machismo se da en casi todos los países, pero no en todos con la misma frecuencia y virulencia. Además, machismo es un término demasiado amplio para darlo como respuesta genérica. Resulta inaceptable que no cobren lo mismo que nosotros por igual trabajo, pero… ¿de qué oscuridades irrumpe la violencia asesina contra ellas? ¿Restos de una cultura obsesionada con la honra personal? No podemos vincularlo a la pobreza o a la incultura, pues se da en todos los estratos sociales y económicos. A lo mejor lo que hay que revisar es el amor mismo, lo que entendemos por él. Pero cuidado con sustituir una inquisición por otra. También feminismo es un término demasiado amplio. La nuestra es una cultura que coloca a la madre en el centro. «Menos faltarle a mi mare/todito te lo consiento», se proclamaba en la genial copla de Pepe Pinto, que seguía con ese «Que una madre no se encuentra/ y yo a ti te encontré en la calle». El machismo son los bajos fondos, no puede amar a su propia madre quien asesina a una mujer. Ni a ella, ni a nadie.

Hay que romper las amarras heredadas que nos condicionan como sociedad, muchas veces sin ser conscientes. Cuántos chistes sobre homosexuales hemos contado y que hoy nos avergüenzan, no tanto por el chiste en sí sino por lo que denota de insensibilidad hacia un colectivo marginado. O con los minusválidos. O con los tartamudos, O con los negros. Cuántas viudas quedaron condenadas a la tristeza del luto exterior. En cambio, los viudos eran de carne y hueso.

¿Equiparación salarial? Bastaría con cumplir la ley, que no se cumple. Pero no nos engañemos, el acceso de la mujer a los puestos directivos no debe convertirse en una imitación de los peores arquetipos de la agresividad mal llamada varonil, sino a demostrar que es posible un liderazgo eficaz desde modelos de convivencia mucho más humanos. Sin olvidar nunca que mujeres y hombres somos prójimo, no rivales. En casa y en la calle.

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