Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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L as universidades de Oxford y de Santiago de Compostela han hecho público un estudio que revela la existencia de una franja de leonesidad genética que discurre desde el cabo de Peñas hasta Tarifa. Un mundo vertical, paralelo al portugués, que configura una vasta región que tiene al mar Cantábrico en uno de sus extremos, y al océano Atlántico de Huelva y Cádiz en el otro. Todo esto parece una ensoñación, pero es algo científico, contrastado. Aunque no se trata, claro, de sacar conclusiones étnicas al respecto, para nada. Porque nuestro reto cívico es de modernidad y comunicación, de universalismo y creatividad. De ley y convivencia. El escenario de los españoles es España, y en todo caso, Iberia, y sin duda, Europa.

Pero, a la vez sucede que hay un vínculo íntimo y cierto entre los asturianos, los leoneses de las tres provincias, los extremeños y los andaluces occidentales. Estamos hablando de unos 12 millones de personas, más o menos. Incluyendo en el mapa a los vallisoletanos, que serían más leoneses que castellanos en el plano étnico, y también a los abulenses y toledanos.

Existe, pues, una banda de historia, orografía y misterio que sigue hermanando a los habitantes del antiguo reino de León y la zona que fue de su reconquista. Ello ha ido dejando un poso de analogía que, por otra parte, no es tan difícil de comprobar desde los simples instrumentos de la intuición y yo añadiría, de la felicidad. Si un leonés pasa unos días en Extremadura no es difícil que intuya un profundo y arcano vínculo con cacereños y pacenses. Una cercanía en el trato que tal vez no se da con la misma fluidez con los naturales de otras regiones. Todo ello al margen del acento con el que unos y otros hablamos el idioma común.

La gran sorpresa de este estudio es que también la Andalucía Occidental —ya desde las ciudades de Córdoba y Málaga hacia el oeste— tiene una clara raíz leonesa. No solo histórica, algo obvio, sino también en el plano de la más arcana herencia. Tal vez por ello, los leoneses nos sentimos tan a gusto en la Andalucía Atlántica. Una impresión beneficiada por ese viejísimo sustrato que ha permanecido vivo durante los siglos. Una armonía intangible que ahora refrendan los científicos.

¿Tiene esto alguna utilidad hoy día? Probablemente ninguna. Pero sí ratifica un marchamo que viene de Roma y del viejo reino, reforzado por una gran realidad histórica: la vía de la Plata. Una vía que, por cierto, León debe cuidar. Y como es cosa de ser prácticos, no solo soñadores, es evidente que la recuperación de la vía férrea desde Astorga hasta Plasencia favorecería esa fecunda vinculación de tierras hermanas, pese a sus diferencias físicas y culturales. Tierras perjudicadas por el centralismo madrileño. España no es radial, es transversal. Y en el espacio que media entre Gijón y Cádiz aún late un alma antigua, cordial y cómplice.

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