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Memoria de Alfonso
Afortunadamente, la nostalgia y el arte del recuerdo nunca pasan de moda, gozosa evidencia que se pone una vez más de manifiesto en el último libro de Alfonso García, un hombre significado por su actitud cool ante los avatares de la existencia. No es preciso recalcar que forma parte de la realeza literaria leonesa por sus muchas publicaciones o por ser el inventor del Filandón, aquí en nuestro Diario de León, donde sigue ocupando plaza de avezado columnista. Yo le conozco —y le aprecio— casi desde tiempos de la primera glaciación, pues dio su primera clase como profesor a nuestro grupo en el Colegio Leonés, además de encargarme el que fue mi primer libro: La Dama de Arintero. Y sigo considerando a Alfonso un maestro en toda la extensión de la palabra, por su respeto al prójimo sin atender a afiliaciones personales o fobias políticas. Y, sobre todo, porque carece de arrogancia, aunque no de talento. Así lo demuestra Los límites de la memoria, incluido en el proyecto CamparredOnda de Gregorio Fernández Castañón, otro tipo excelente que con arte y maña publica obras tan bonitas como la de Alfonso.
Un libro enriquecido por mil detalles exquisitos y un acompañamiento fotográfico realzado por el color de la ternura. Se trata de una crónica de la felicidad vital, pues con una escritura amable y risueña nos lleva hasta los años 50 en la localidad montañosa y minera de Santa Lucía de Gordón, su patria chica. Un tiempo gozoso e inolvidable, consagrado por la mitología de la niñez. «Bendita memoria» escribe Goyo en el prólogo, la de este hombre que entonces era el niño más guapo del mundo, con su chaqueta de pana y en la solapa la insignia del Hullera. La esfera afectiva en que se mueve el texto recrea toda una serie de entrañables escenas y personajes del pasado, referidas por ejemplo al burro Celedonio, al abuelo Faustino, que anduvo por Cuba y Nueva York, o al otro abuelo Isaac, inventor del Mosgás, un combinado hecho de moscatel y gaseosa que al parecer tenía propiedades anticancerígenas. Una joyita absoluta, cuya lectura te pone una sonrisa en el corazón.