Diario de León

al trasluz

Donde los pollos pasean crudos

Eduardo Aguirre
León

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Según Sancho, no es posible ponerle puertas al campo. Cuánta razón. Ahora bien, vamos a tener que ponerle escalera de incendios, añadiría San Isidro labrador. El incendio en Curueño podría haber sido intencionado. Ay. De nuevo, el blue de las llamas ignominiosas. Pero no es de tristezas de lo que hoy quiero escribirles, sino de los cincuenta años de la Escuela de Ingeniería Agraria y Forestal, un centro que siempre ha tenido mis simpatías, desde que di mis primeros pasos en este periódico, con el cometido de crear la sección de información diaria sobre la Universidad. Sin hacer de menos a otros estudios, enseguida detecté que Agrícolas era un mundo aparte, algo así como un Camelot, donde se había conseguido la proeza de un equipo directivo que se llevaba muy bien y lo transmitía. Obviamente, la condición humana es la que es, pero la atmósfera era tan positiva que era entrar allí y sentir ganas de matricularme, o al menos de echarme al monte y crear una Arcadia, donde no hubiese tuyo ni mío, y las pastoras de la Finojosa brincasen desinhibidas. En serio, los cincuenta años de Agrícolas son mucho más que cinco décadas, pues no basta con llegar. En ese gran logro que fue merecer la condición de ingeniería superior tuvo mucho que ver un gran tesón colectivo, que no se consigue sin que haya un estilo de convivencia que lo posibilita. Santoyo fue un rector de los que más supo ver la importancia de tales estudios. Y en este mérito conjunto tuvo mucho que ver el director, Rafael De Cos Jarhling, el hombre más sonriente del campus, del universitario y del otro. Debo confesar que uno es urbanita, aunque no tanto como el poeta Max Jacob, quien al ser invitado a un fin de semana campestre exclamo: «¿En ese lugar donde los pollos se pasean crudos?».

La historia de Agrícolas lo es también la de la economía de esta tierra. Ya pasó el tiempo que para saber si diluviaba no había otra que sacar el dedo por la ventana. Ahora, en el campo ya nadie se chupa el dedo. Hay mucha ingeniería, formada aquí.

Uno ya ha tiene años para saber que son las personas quienes hacen que el campus de la vida funcione. Y los otros, también. Buenas personas tratando de hacerlo bien. Y consiguiéndolo. Felicidades, Agrícolas.

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