FUERA DE JUEGO
Mentiras con solera
Hace unos días se daba a conocer un estudio que parece matizar la leyenda suscitada en torno a la discusión de Unamuno y Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca allá por 1936. Asegura que las palabras que se les adjudican fueron ideadas por una persona años después y que con el tiempo acabaron convirtiéndose en verdad absoluta. También hace pocos días narraba el abogado bañezano Felipe Fernández de Mata, en una tribuna en el Diario, su experiencia en el París de 1968 y cómo buena parte de lo que se cuenta fue idealizado después.
Uno vive de la que algunos consideran la segunda profesión más antigua del mundo. La primera ya se sabe cuál fue y parece aceptable que enseguida surgió alguien que marchó a contarlo, con lo que puso en marcha este segundo oficio.
Vivimos un debate permanente sobre las fake news, que tiene un componente de falsedad en sí mismo, porque nos lo presentan como algo totalmente nuevo, cuando las leyendas urbanas y los mentideros pertenecen al arte más viejo de las lenguas afiladas.
Leyendo lo ocurrido sobre el insigne e inigualable rector salmantino recordaba nuestro afamado topo de la Catedral, el vino milenario de San Isidoro o tantas y tantas historias —con minúsculas— con más o menos visos de credibilidad.
En el periodismo, nada como las fuentes directas, y ya no hablemos de cumplir lo de contrastar. Lo ocurrido con la muerte ‘anunciada’ del alcalde Morano tardará en olvidarse. Quizás dentro de cierto tiempo nos lo intenten contar de otro modo y por eso es bueno que queden testimonios escritos.
En mi ciudad natal, Ponferrada, tenemos un caso muy curioso. A mí me unen lazos de sangre con una persona que vio el cuerpo muerto del maqui Girón, en el depósito de cadáveres ubicado junto al antiguo cementerio del Carmen. Y no sale de su asombro cada vez que escucha la leyenda sobre que fue expuesto en un escaparate de la plaza del Ayuntamiento.
El peligro no está sólo en el que fabula. El correveidile que le da aire al asunto suele tener como mínimo tanta culpa. Me sorprenden los que tienen estómago para responder con una sonrisa a los que les están mintiendo.