cuarto creciente
Humanidad
Me gustan tanto estos versos de Fermín López Costero que los vuelvo a escribir en esta página, cuando se cumplen cuatro meses desde que nos dejó, para que también los lean ustedes: Amaneció la nieve. Pero también habría podido ama/necer el hambre o la locura, o la sensación de vivir/ en un cuerpo extraño.
Los comparo con una piedra arrojada a un estanque, que va soliviantando el agua quieta mientras se hunde y forma ondas a su alrededor, cada vez más débiles, hasta que se desvanecen del todo.
Fermín escribió esas palabras en el arranque de su poema El misterio de la encarnación, de su libro Memorial de las Piedras, con el que se dio a conocer como poeta hace unos años, y estoy seguro de que lo que me dicen a mí no es necesariamente lo mismo que quiso decir el poeta. Ese es el misterio de la poesía.
Y los releo hoy, después de saber que Estados Unidos, el país que forjó el mito del sueño americano, acaba de abandonar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y separa de sus padres a los hijos de los inmigrantes que cruzan la frontera con México y luego los encierra en jaulas; una nación enorme, multirracial, que bajo el mandato de Trump parece empeñada en convertir en realidad la peor de las distopías y se asoma al abismo del fascismo y la xenofobia.
Pero no hay que cruzar el océano para darse cuenta de que, de un día para otro, el amanecer no nos ha traído la nieve, como escribía López Costero, sino el hambre y la locura, la sensación de vivir en un tiempo extraño. En Italia, la tenemos tan cerca, un gobierno en el que ha entrado un partido neofascista abandona a su suerte a un barco entero de personas rescatadas en el mar. En Alemania, Ángela Merkel tiene serios problemas con sus aliados porque el país acoge a un millón y medio de refugiados que huían de la guerra. En el Reino Unido del Brexit, que te oigan hablar en español te puede meter en una situación desagradable. Y aquí surgen voces que gritan ‘¡primero los españoles!’—como si alguna vez les hubiera importado quien mendiga por la calle—después de que el Gobierno de Pedro Sánchez, en un gesto que me reconcilia con la realidad tanto como la poesía, haya decidido acoger a los inmigrantes del Aquarius. Por humanidad.